La frontera del lobo, de Sarah Hall

Hall

Rara vez sueña con ellos. De día son esquivos, se esconden entre la maleza de la reserva y se alejan del cubil. Son veloces, pero también holgazanes: van de un lado a otro camuflados por el pelaje, de los mismos colores que su territorio, y duermen debajo de un tronco, invisibles en ambos casos. Han perfeccionado sus técnicas de desaparición. De noche regresan (…)

Rachel Caine, protagonista y desde cuyo punto de vista se narra “La frontera del lobo”, lleva diez años estudiando y protegiendo las manadas de lobos en una reserva india de Idaho, una labor absorbente que limita su vida personal a escasas amistades y a relaciones esporádicas. Todo va a cambiar cuando recibe una interesante oferta de uno de los hombres más ricos del Reino Unido, el duque de Annerdale; un excéntrico aristócrata de Cumbria, tierra natal de Rachel, que pretende reintroducir el lobo gris en sus extensas tierras (el personaje está inspirado en el millonario inglés Paul Lister,  que posee enormes fincas en Escocia y estudia reintroducir lobos y osos).

La vuelta de los lobos despierta en la región temores atávicos, viejos mitos y arcaicas supersticiones que se traducen en protestas y presiones, aunque el mensaje de la novela es favorable a la conservación.

Que el estudio, la conservación y la protección en el hábitat natural es una empresa sumamente beneficiosa para todo el mundo. Que los lobos no solo reportan beneficios económicos, sino que mejoran la salud del medio ambiente (…)

Y todo ello sobre el trasfondo, como no destacarlo en este momento que se vive en España, de un marco político convulso por el proceso del referéndum de independencia de la vecina Escocia (en la novela Escocia se independiza y ello resulta relevante para el desenlace de la obra, donde se contraponen los modelos de gestión territorial inglés y escocés).

Al otro lado de la frontera se están recuperando grandes extensiones de tierras que hasta ahora estaban en manos de extranjeros, subiendo los impuestos a las destilerías y las piscifactorías de salmones (…)

Hay numerosas escenas dedicadas a describir el comportamiento de los lobos, pero, junto con Rachel, es el paisaje (de Cumbría, del Lake District), que se retrata a lo largo de todas las estaciones, el verdadero co-protagonista de la novela. Un paisaje observado con precisión pero claramente no hiperbólico; que transmite belleza pero se resiste a lo pintoresco, escribió un crítico del diario inglés The Guardian.

El Valle de Galt está incendiado de colores cuando Rachel empieza a adentrarse. Los bosques derrochan las tonalidades de otoño: cobre, mostaza. Un centenar de rojos. El brezo tiene el color del bronce; asediado por la abejas a lo largo del verano, ya empieza a marchitarse (…)

En toda la novela aparecen referencias puntuales a distintos problemas ambientales como el fracking, los vertidos a los ríos, el transporte de residuos nucleares (al situarse la acción cerca de la conflictiva planta de Sellafield), la desaparición de los bosques debido a la extensión de las granjas y plantaciones forestales, el impacto paisajístico de los molinos eólicos, la educación ambiental, Chernóbil y se alude, en varias ocasiones, a cambios en el clima.

Sin embargo, destacan las reflexiones,  de mayor calado, sobre lo que es natural, sobre la idea de naturaleza salvaje (sobre lo que en ingles se dice wilderness), sobre las intervenciones  de los seres humanos sobre el paisaje.

“La frontera del lobo”, escribía un crítico, viene de una palabra finesa y  se refiere a la frontera entre la región de la capital y el resto del país, y lleva consigo la sugerencia de que todo lo que está más allá de esa línea es territorio salvaje.

Pero desde que ha vuelto a Inglaterra, ningún partido político ha logrado convencerla de que su postura va algo más allá de un ecologismo conservador y centrado en la perspectiva urbana. Las costuras del campo británico han reventado y, por lo visto, el campo se considera un jardín de la ciudad (…)

Aquí a la gente no le interesa la naturaleza de verdad. Solo quieren paseos bonitos, vistas bonitas y un salón de té. (…)

Esas reflexiones sobre la lo salvaje enlazan con la idea, en boga desde hace algunos años, de rewilding (que en español puede traducirse por resalvajar, asalvajar o asilvestrar;  aunque se suele utilizar la palabra inglesa). La idea tiene que ver con preservar y restaurar las interacciones ecológicas como objetivo de conservación, tarea facilitada especialmente por las especies que participan en mayor número de interacciones. Existe, incluso, una iniciativa que se llama Rewilding Spain. Y en esa misma línea  va la tesis central del último libro del conocido biólogo norteamericano E. O. Wilson, cuyo título, recién aparecido en español, es suficientemente elocuente: “Medio planeta. La lucha por las tierras salvajes en la era de la sexta extinción”. Propone E.O. Wilson conservar el cincuenta por ciento de nuestro planeta.

Pero, además de los temas que se destacan como Ecoclub de lectura, “La frontera del lobo” plantea bastantes más (lo que hace interesante la novela para todos los lectores), como indica un crítico del New York Times: el de las relaciones entre hombres y mujeres, la familia, la relación animal/humano. O, para los editores de la novela: el del paisaje que los rodea, convertido en espejo de nuestra propia naturaleza interior, de los lazos que se rompen y se asientan, de nuestras identidades reales o imaginarias… Una alegoría que indaga, mientras el lector avanza con paso seguro en el relato, en la complejidad de la existencia, tanto animal como humana, y en el límite difuso entre la vida salvaje y la civilización, dentro y fuera de cada uno de nosotros.

Sarah Hall (nacida en 1974, en Cumbria) es una reconocida y premiada escritora inglesa, que este año forma parte del jurado del Booker Prize, premio del que ha sido finalista en dos ocasiones. “La Frontera del lobo”, publicada en 2015, es su quinta novela.

http://www.sarahhallauthor.com/

PD1/ Los lobos se asoman por segunda vez al Ecoclub de lectura, tras haber pasado “Beatriz y la loba”, de Concha López Llamas

PD2/ CONVERSAREMOS SOBRE “LA FRONTERA DEL LOBO” EL PRÓXIMO 31 DE OCTUBRE, A LAS 19H, EN LA CASA ENCENDIDA (MADRID)

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Sugerencias para el verano

recomendaciones

Tras una primavera  algo en suspenso nos sumamos, aunque no resulte muy original, a las recomendaciones de lecturas para el verano (queremos seguir aportándoos sugerencias a quienes nos seguís)). Algunas ideas tienen que ver con novelas que ya hemos leído y a las que podríamos dedicar sesiones presenciales (que nos gustaría volver a retomar y disfrutar el próximo otoño). Otras, son obras que tenemos en el montón de “para leer”.

En cuanto a lecturas que ya hemos hecho, vamos a comenzar por mencionar Senderos de libertad, de Javier Moro, donde  se narra la vida del activista brasileño Chico Mendes, que fue asesinado en los años noventa. Por desgracia, son muchos los activistas ecologistas, decenas anualmente, que continúan perdiendo la vida. El autor (Premio Planeta por otra obra suya), con el que hemos contactado, nos ha comentado que estaría  encantado de asistir a una sesión presencial, así que ahora es cuestión de “agenda”.

El Oráculo de Gaia es un título que leímos hace ya tiempo y sobre la que alguna vez nos gustaría celebrar también una sesión en la que contáramos con su autor, un profesor de física de la Universidad de Valladolid y conocido en círculos ecologistas (la novela la firma como Érawan Aerlin). Fantasía y una posible realidad, nada deseable, están presentes en esta entretenida obra por  la que se asoman un colaborador de Leonardo da Vinci, elfos, científicos gallegos, “brujas” y una bella visión sobre el papel de los árboles en el ecosistema  planetario; por cierto, todo se entiende y cobra sentido al final.

El pasado 20 de junio, Día mundial del Refugiado, recomendamos, por nuestros canales del Ecoclub de lectura, Algo, ahí fuera , del italiano Bruno Arpaia. Novela a cuya presentación en Madrid asistimos el otoño pasado y donde se habla de unos refugiados ambientales que bien pudiéramos ser los habitantes del sur de Europa dentro de algunas décadas.

Hace unos meses nos hablaron de En la frontera del lobo, una bella novela, escrita por Sarah Hall, una autora inglesa relativamente joven y que ya goza de un notable prestigio literario.  Un filántropo británico está decidido a reintroducir el lobo en Inglaterra de manera controlada, en sus fincas. Preciosas descripciones de Cumbria, la región de Inglaterra fronteriza con Escocia, y reflexiones sobre qué quiere decir “lo natural” en nuestro siglo XXI.

Nos apetece releer y leer a una autora que puede etiquetarse de clásica, la norteamericana Ursula Le Guin. Hay mucho donde elegir. Quizás nos inclinemos por Los desposeídos o por El nombre del mundo es bosque. Y, hablando de bosques, también tenemos en el montón de “pendientes” a Annie Proulx y su reciente El bosque infinito que habla de la destrucción de la naturaleza por el capitalismo. Y no pueden faltar  las obras de las amistades que escriben, como es el caso de Ceniza de Ombú, de Raquel Martínez (de momento solo publicada en Uruguay), donde se hacen presentes algunos temas ambientales, como la megaminería.

Aunque no se trata de una novela, tenemos también en nuestro montón El origen de la naturaleza, que relata la vida del naturalista e ilustrado del XVIII Alexander Von Humboldt.  Posiblemente sea un estupendo libro para conversar en una sesión presencial del Ecoclub de lectura. También dentro del campo del ensayo, nos hemos hecho con The great derangement de Amitav Ghosh, el autor indio que ya pasó por una  de nuestras sesiones  el año pasado con La marea hambrienta.  En este nuevo título reflexiona sobre el papel de  la narrativa en relación al cambio climático.

Nos interesa mucho descubrir autores que escriban en español. Hay un par de obras, pendientes de lectura, de dos autoras argentinas pero, como es lógico, preferimos leerlas antes de decir nada (aunque las hemos metido en nuestra mochila para el verano porque cuentan con buenas críticas).

¡Disfrutad del periodo estival y de las vacaciones!

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El corazón de la Tierra, de Juan Cobos Wilkins

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¿Las teleras? (…) Eran enormes piras de varios metros de altura (…) ardían lentamente durante meses, día y noche. En su interior, la combustión de mineral desprendía un denso humo de dióxido de azufre, una nube venenosa, mortífera a la larga, que llamábamos la manta. La lepra del aire. Su necrosis. Cuando no soplaba el viento, la manta, suspendida, permanecía flotando baja sobre el pueblo (…)

El corazón de la Tierra, publicada en 2001,  tiene como trasfondo la primera protesta ecologista de la Historia de España. El primer conflicto socioambiental podría también decirse. Unos hechos que tuvieron lugar en febrero de 1888, cuando una manifestación pacífica y festiva, en el marco de una huelga general, que se quejaba de la mortal contaminación atmosférica que generaba el tratamiento del mineral, mediante las teleras (proceso prohibido en Inglaterra desde 1864), fue disuelta a tiros por parte del ejército, que disparó a bocajarro sobre las personas congregadas en  la plaza de Riotinto, frente al Ayuntamiento. Se ocultaron cadáveres y hechos, pero las estimaciones hablan de entre 100 y 200 personas asesinadas, incluyendo niños, mujeres y ancianos.

Los que suscriben representan a 4000 obreros y dicen que, en la seguridad de los perjuicios de los humos sulfurosos y creyendo que las corporaciones municipales tienen autoridad para suprimirlos, suplican a ese Ayuntamiento tome acuerdo de prohibirlos, evitando así que lamentar daños personales como los muy numerosos ya padecidos (…)

En la manifestación no  solo participaron trabajadores de las minas de Riotinto y  sus familias, sino  que se habían sumado agricultores y ganaderos de un amplio entorno, agrupados en la Unión Antihumos, ejemplo de movimiento social transversal, debido a que el impacto ambiental afectaba a lugares bastante alejados de la zona de explotación minera. Las teleras no se prohibieron en Riotinto hasta 1907.

Sus humos, ignorantes de fronteras provinciales, o nacionales, entraban en tierras de Sevilla (…) Las emanaciones sulfurosas invadieron el país vecino. Hasta el sur de Portugal, como larguísimas unas grises se extendían. La propia empresa señalaba en 777 kilómetros cuadrados el área afectada. Una zona que comprendía 11000 propiedades. Y si esto lo databan los mismos causantes del mal, puedes imaginarte (…) Montes también yermos, talados sus árboles para mantener viva aquella combustión. El paisaje asolado y las aguas ácidas que tanto impresiona al forastero (…)

 A los hechos de 1888 (que se conoce desde entonces como “el año de los tiros”) se llega en la novela mediante un proceso de extracción, como si fuera el cobre de las minas, de la memoria de Blanca Bosco, hija de un minero y que era una niña cuando sucedió todo. Blanca conversa, en 1952, con Katherine White,  la nieta del médico inglés de la compañía que se había hecho amigo de la niña. Katherine  viaja desde Londres hasta Riotinto para conocerla, conocer ese lugar del que tanto le había hablado su abuelo y averiguar qué pasó el 4 de febrero de 1888.

El conflicto socioambiental que conforma el trasfondo  de la novela, tiene plena vigencia en nuestros días, en los que el denominado “extractivismo” llega hasta el último de los rincones del planeta, estallando conflictos que se parecen mucho a lo sucedido a finales del XIX en Riotinto. Resulta muy gráfico, en ese sentido, asomarse al trabajo enciclopédico que muestra  el Atlas de la justicia ambiental. El “extractivismo” se refiere, en palabras de Eduardo Gudynas, un autor uruguayo que ha reflexionado y escrito bastante al respecto, a un conjunto particular de apropiaciones de recursos naturales caracterizados por los grandes volúmenes removidos y/o la alta intensidad, donde la mitad o más son exportados como materias primas, sin procesamiento industrial o procesamientos limitados.

También la novela pone sobre la mesa, e ilustra perfectamente, el concepto contemporáneo de “justicia ambiental”, que pone de relieve y demuestra la conexión entre, por una parte, el severo deterioro del entorno natural y, por otra parte, el reparto desigual de sus consecuencias negativas y de las políticas y leyes medioambientales diseñadas para afrontarlo. Un ejemplo, que visualiza perfectamente el concepto, puede ser la propia construcción del pueblo de Riotinto, donde vivían los trabajadores, los nativos para los británicos, en un valle que la contaminación atmosférica, la manta, oscurecía regularmente (una niebla espesa y cenicienta envolvía las casas, y llegaba la oscuridad Se hacía de noche sin serlo. Cerrábamos puertas y ventanas y huíamos a las cumbres de los cerros). Mientras que el pueblo de los ingleses, Bellavista, tras un pormenorizado estudio,  se levantó en un lugar del valle resguardado por cerros y al que los vientos en rara ocasión se dirigían

El singularísimo paisaje de Riotinto, que describe poéticamente el autor y al que denomina Las puertas del infierno, tiene también un protagonismo especial y produce en  Blanca, que había abandonado la zona durante una etapa larga de su vida, un deseo de regreso a ese lugar al que siente pertenecer. Destaca , dentro de ese paisaje, Corta Atalaya, el corazón  de la Tierra, un cráter inmenso –kilómetro y medio de diámetro y quinientos de profundidad- excavado por la mano del hombre para saciar su avaricia metálica de brillos.

Es un sitio que tiene el suelo de color de un pudin de frambuesa, pero es muy, muy distinto, porque es sangre que se ha secado (…) Un río rojo. Bermellón y violáceo. Azafranado en sus orillas. Sin peces. Sin adelfas, sin juncos, sin brizna alguna cercana a su cauce, sin canto de aves junto a sus aguas (…) Pues cuando esa cosa extraña de la que había oído hablar pero en la que no creía, la llamada de la tierra, golpeó con los nudillos en mi puerta y me dijo “vuelve, vuelve” y yo, igual que un animal que escucha la voz antigua de la especie y la sigue, sin pensármelo más, obedecí (…)

 Además de sobre los temas ambientales recogidos, la novela pone muchos más asuntos sobre la mesa, como el de las condiciones laborales y de vida de los trabajadores y sus familias, el  modelo de explotación colonial, las luchas obreras de aquellos tiempos, los casi inicios del anarquismo en España y en el mundo (la I Internacional arranca en 1864, el primer periódico anarquista español, La emancipación, aparece en Madrid en 1871).

El corazón de la Tierra fue la primera novela de Juan Cobos Wilkins, escritor onubense nacido en  1957 y nieto de un empleado de Rio Tinto Company, al que está dedicada la obra.  Además de una amplia trayectoria en el terreno de la narrativa y la prosa, Juan Cobos Wilkins cuenta con una extensa obra en el ámbito de la poesía. Ha ejercido de crítico literario y traductor y ha recibido numerosos premios y reconocimientos. El corazón de la Tierra ha sido llevada al cine  de la mano de Antonio Cuadri (2007).

El 1 de marzo, a las 19h, conversaremos sobre El corazón de la Tierra en La Casa Encendida (Madrid)

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Waslala, de Gioconda Belli

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En todas las profecías
está escrita la destrucción del mundo.
Todas las profecías cuentan
que el hombre creará su propia destrucción.
Pero los siglos y la vida
que siempre se renueva
engendraron también una generación
de amadores y soñadores,
hombres y mujeres que no soñaron
con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores.

(…)

No son palabras de la novela, pero si de un conocido  poema de Gioconda Belli titulado “Los portadores de sueños”, que puede acompañar perfectamente los contenidos de “Waslala”, donde la idea de utopía es el elemento clave.

Waslala (subtitulada a veces “La búsqueda de una civilización perdida” o “Memorial de futuro”), es la tercera novela de la nicaragüense Gioconda Belli; fue publicada en 1996 y está ambientada en Fagua  (palabra construida a partir de fuego y agua), una país centroamericano imaginario que, sin serlo del todo, recuerda mucho a Nicaragua, pero que podría ser cualquiera de América Central ; un país sumido en un estado de guerra de baja intensidad permanente, un estado fallido, podría decirse ahora.

La novela, ambientada entrado el siglo XXI, nos muestra un orden mundial donde algunos países, como Fagua, reciben financiación por conservar sus bosques en función de los servicios que prestan al ecosistema global.

Muy poco dinero circulaba en Fagua y este se dedicaba al mercado negro de los bienes, provisiones y medicinas que el país recibía a cambio de la conservación de sus recursos naturales y la importación de la basura

La protagonista, Melissandra, junto con un variopinto grupo, emprende un viaje, desde la periferia hacia el interior del país, para encontrar Waslala (y para encontrar su lugar en el mundo), una comunidad utópica construida por la generación de su abuelo y que se ha convertido en una leyenda, en una referencia hacia la que miran los habitantes de Fagua que aspiran a un mundo mejor.

Ese mundo igualitario y grácil donde el amor, la cooperación y el bien común serían los pilares para erigir la felicidad.

Un modelo de sociedad totalmente nuevo y revolucionario, basado en una ética que repudiaba el poder, la dominación y concedía a cada individuo la responsabilidad de la comunidad.

Era una leyenda un punto de referencia, una esperanza. Aun antes de que se comprobara su eficacia, se había convertido en paradigma. Cumplía la función de un sueño capaz de movilizar los deseos y las aspiraciones de quienes ansiaban un destino colectivo más acorde con las mejores  potencialidades humanas.

En diversos momentos se debate sobre las utopías y las realidades (¿distópicas?), reflejando diferentes puntos de vista, más entusiastas, más escépticos, matizados. No faltan las alusiones a Tomas Moro, quién primero utilizó el término (aunque la aspiración a paraísos es tan antigua como el ser humano), o a Don Quijote. Y, por supuesto, esa comunidad se alimentaba de energía renovable y se edificó no sin antes realizar una ceremonia donde pedimos permiso a los viejos y centenarios arboles para invadir su espacio vital.

El contexto personal de la autora y el de Nicaragua son importantes para comprender la novela. Gioconda Belli fue una persona muy implicada con la Revolución Sandinista y que, ente 1979 y 1994, ocupó diversos puestos públicos de responsabilidad. Pero, al igual que sucedió con otros dirigentes, padeció un enorme desencanto en relación a la deriva del régimen. Este desencanto se refleja en el texto en muchas de las reflexiones que este contiene sobre la idea de utopía y también, se materializa en los personajes de los hermanos Espada que, según contaba la autora en una entrevista, son una caricatura de los hermanos Daniel y Humberto Ortega.

Hay, por cierto, más personajes inspirados en la realidad nicaragüense como, por ejemplo, el abuelo y abuela  de la protagonista, reflejo del poeta José Coronel Urtecho y de su mujer, María Kautz. Igualmente, entre los fundadores de Waslala se menciona al poeta Ernesto, que hace pensar de manera inmediata en Ernesto Cardenal, con su boina y su barba blanca, que fue poeta, cura y dirigente de la Revolución Sandinista.

Ese orden ecológico mundial que muestra la novela y en el que algunos países reciben financiación por conservar sus bosques, la autora se adelantó a iniciativas como el mecanismo REDD+ o la Inciativa Yasuní.

La reducción de las emisiones debidas a la deforestación y la degradación forestal (REDD +) es un mecanismo desarrollado por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. La idea consiste en ofrecer incentivos a los países en desarrollo para que reduzcan las emisiones de las tierras forestales e invertir en vías de desarrollo poco intensivas en carbono. Estos  países  recibirían pagos basados en los resultados de las acciones.

En ese sentido, puede mencionarse también la fallida iniciativa ecuatoriana Yasuní, por la que el Gobierno de ese país se comprometía a no explotar unos yacimientos petrolíferos situados bajo bosques amazónicos a cambio de que la comunidad internacional le proporcionara la mitad de lo que hubiera obtenido vendiendo el petróleo; y, a cambio, prometía destinar a iniciativas sociales. Sin embargo, no hubo apenas compromisos por parte de los países desarrollados y, en 2013, el Presidente de Ecuador dio por cancelada la iniciativa.

Dentro de ese orden ecológico mundial la basura  y la chatarra  viajan legalmente (y algunos residuos tóxicos también lo hacen ilegalmente) al  Sur, a lugares como Fagua. De nuevo, la autora adelanta un escenario en el que el volumen del problema crece de manera exponencial.

Según informaciones aparecidas el año pasado en un periódico español, cada año se generan alrededor de 40 millones de toneladas de residuos electrónicos a nivel mundial y, según las últimas estimaciones, ascenderán a 47millones de toneladas en 2017. Desechos procedentes de países desarrollados – en muchas ocasiones ilegales, según las Naciones Unidas – que con toda probabilidad acabarán en países como India, China o Ghana (donde va a parar cerca del 75%). Sin embargo, y aunque hasta 2012 eran producidos especialmente por el mundo industrializado, desde 2013 se está apreciando que los propios países en desarrollo también los generan.

La novela incorpora también una crítica al modo de vida occidental, desarrollado, hiperconsumista, e intuye conceptos como el de la obsolescencia programada.

Mientras más basura veo más comprendo que tan desgraciados son los que todo lo tienen como los que solo tenemos sus desechos.

Desde una perspectiva más literaria, podría enmarcarse a Waslala como una novela de viaje iniciático, como una novela de formación; y  podría hablarse de la simbología que representa el que este viaje se inicie a través del agua. Podría también hacerse una lectura desde la perspectiva de género de una obra donde aparecen diferentes mujeres, además de la protagonista, con mucho carácter, dueñas de sí mismas. Sin embargo, en ese mundo del futuro qure perfila la autora, parece que parte de las dificultades que sufren las mujeres han sido vencidas.

Gioconda Belli nació en 1948 y alcanzó notoriedad, en primer lugar, con sus versos. En 1988 se publica “La mujer habitada”, su primera novela, que tuvo un éxito considerable. Desde entonces ha publicado numerosos libros de poesía y varias novelas, siendo la última “El intenso calor de la luna” (2014). En la penúltima, “El país de las mujeres” (2010), nuevamente ambientada en Fagua, se mantiene ese trasfondo de unos bosques que, debido a su papel de sumideros de CO2, proporcionan ingresos al país. Por varios de esos libros ha recibido premios y reconocimientos, algunos al conjunto de su trayectoria, como el de Caballero de Orden de las Artes y las Letras que otorga el Estado francés.

Puede encontrase más información en la página web de la autora

COMVERSAREMOS SOBRE WASLALA EL PRÓXIMO 20 DE DICIEMBRE, A LAS 19.30h, EN LA CASA ENCENDIDA (MADRID)

 

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La marea hambrienta, de Amitav Ghosh

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Hasta que uno no lo ve en persona, no puede imaginar que, oculto entre el mar y las llanuras de Bengala, espera un inmenso archipiélago de islas, un archipiélago que se extiende a lo largo de trescientos kilómetros, desde el río Hooghly, en Bengala Occidental, hasta las orillas del río Meghna, en Bangladesh.

La marea hambrienta nos traslada a los Sunderbans (palabra que quiere decir “jungla hermosa”), territorio situado en el delta que conforman el Ganges, el Brahmaputra y otros ríos, cuya titularidad comparten Bangladesh e India.  Es interesante comenzar señalando esta cuestión, porque puede decirse que el territorio es el protagonista principal de la novela.

Sería quizás más preciso indicar que el protagonista es un territorio cambiante (en función de las mareas y, ahora, del impacto del cambio climático)  y las interacciones (conflictos y equilibrios), normalmente complejas, que se producen entre este y los seres humanos y no humanos que viven en el. El lenguaje de la ecología moderna indicaría que el protagonista es un socio-ecosistema, que se describe detallada y bellamente desde el comienzo de la obra.

Y dentro de ese territorio, el agua representa un aspecto clave, porque como indica alguien que leyó  y analizó la novela: el agua como una imagen y una presencia tiene un significado especial dentro de la mitología hindú, y los paisajes de agua de los Sunderbans tiene una connotación mitológica distintiva. Símbolo natural, el agua se asocia principalmente con la fertilidad, la inmortalidad, el lugar, la creación y lo femenino. El agua, particularmente el agua que corre, se considera sagrada, una actitud que se expresa en la reverencia mostrada hacia cualquier corriente de agua que circula a lo largo del subcontinente indio (Anands, D. : Words on Water: Nature and Agency in Amitav Ghosh’s The Hungry Tide, 2008)

 Sobre el argumento de la obra, la contraportada de la novela  avanza que en una estación de tren, al sur de Calcuta, dos desconocidos comparten un breve trayecto. Piya es una bióloga estadounidense  de padres indios  que ha llegado a las Sundarbans en busca de una rara especie de delfín de agua dulce. Kanai es un traductor y empresario d Nueva Delhi que viaja a las islas a petición de su tía, quién ha encontrado un diario que su difunto esposo le dejó a Kanai. El contenido del diario revela un misterio que Kanai debe resolver y que le llevará a entrelazar su destino con el de Piya y el de Fokkir, un pescador, un personaje tan sorprendente como el propio paisaje que los rodea y que cambiará sus vidas para siempre. Fokkir, Kanai y Piya son, además, personajes nos ofrecen diferentes miradas sobre “lo ambiental”: la rural y la urbana, la occidental y la local, la de los ricos y la de los pobres.

La novela se desarrolla en dos tiempos, el presente (fue publicada  en 2004) y a finales de los años setenta, cuando el Gobierno indio provocó una masacre con cientos de muertos en la isla de Morichjhapi, dónde habían llegado muchos desplazados tras un largo periplo que se originó en el momento de la  independencia y partición de  India tras la Segunda Guerra Mundial.

Son muchos los temas ambientales que la novela permite poner sobre la mesa pero, en primer lugar, puede destacarse el del vínculo de los más pobres con el medio ambiente, del que dependen de manera inmediata para sobrevivir. Se muestra el agotamiento de los recursos, particularmente de los pesqueros, y como esta crisis perjudica a los habitantes más pobres.

Mashima dice que von las nuevas redes la pesca se habrá acabado en quince años (…) unas nuevas redes de nailon que usan para atrapar chibri meen, las crías de las gambas…Las redes son tan finas que, además de las gambas, atrapan las huevas de los restantes peces. Mashima intentó que prohibieran su uso pero no lo consiguió

-¿Por qué no lo consiguió¿

¿Por qué iba a ser?- dijo ella- Por dinero. Las gambas dan mucho dinero y las empresas de pesca compran a los políticos ¿Qué les importa a ellos? Somos nosotros los que vamos a sufrir las consecuencias, así que tenemos que ser nosotros quienes encontremos la solución

 Se muestran también los conflictos que surgen con la población local al establecerse  áreas protegidas. En los Sunderbans, parte de los cuales son Parque Nacional, conviven siete millones de personas y una riquísima biodiversidad que incluye algunos cientos de tigres de Bengala.

Fueron las personas como tú las que presionaron para que se protegiera la fauna en la tierra de la marea, sin tener en cuenta las consecuencias que eso pudiera tener para la gente que vive aquí…

La obra se desarrolla en un territorio donde habita una población amenazada por las consecuencias del cambio climático, debido a su alta vulnerabilidad y exposición, particularmente a la subida del nivel del mar y el aumento de la intensidad de fenómenos como los ciclones.

A pesar del trabajo realizado en los diques, las tormentas y las inundaciones seguían abriendo brechas en ellos, dejando la tierra inservible durante años.

Resulta muy interesante la descripción de una espiritualidad y unos cultos tradicionales que incorporan el respeto al medio ambiente, como ese caso del culto a Bon Bibi, diosa de tierra, del bosque, de la naturaleza.

Así fue como el orden llegó a la tierra de las dieciocho mareas, cuyas dos mitades, la salvaje y la cultivada, convivieron a partir de entonces en armonía; Y todo fue bien hasta que la codicia humana alteró el equilibrio.

Bon Bibi es la reina de  la jungla, que los tigres, los cocodrilos y el resto de los animales obedecen sus deseos. ¿Te has fijado en las pequeñas capillas que hay delante de muchas casas en la isla?

La novela se presta también  a una lectura social puesto que  aparecen cuestiones relacionadas con la sociedad de castas, la construcción de utopías sociales, acontecimientos políticos como la partición de la India y el tema de las personas desplazadas.

Amitav Ghosh es un escritor nacido en Calcuta en 1956, que actualmente reside en  los EEUU y que entre medias ha vivido en lugares como Bangladesh, Sri Lanka, Irán o Camboya. Estudió antropología social  en la Universidad de Oxford y es autor de numerosos artículos y libros, de ficción y de ensayo, algunos de ellos nominados y premiados. En varias de estas obras, además de en “La marea hambrienta”,  se expresa una preocupación por el medio ambiente.

Este año, Ghosh  ha publicado el ensayo The great derangement (que no ha aparecido todavía en español, pero cuya traducción literal podría ser “El gran trastorno”) donde termina sugiriendo (en palabras recogidas de la propia web del autor) que la política, como la literatura, se ha convertido en un asunto de cálculo moral en vez de en un espacio para la acción colectiva. Pero limitar la ficción y la política a una aventura moral individual conlleva un gran coste. La crisis climática nos invita a imaginar otras formas de existencia humana – una tarea para la que la ficción, argumenta Ghosh, es la más adecuada de todas las formas culturales. Su libro puede entenderse  como el llamamiento de un gran escritor a  enfrentar la tarea más urgente de nuestro tiempo. Sin duda, esta última es una obra que también interesa mucho al Ecoclub de lectura.

Página web del autor: http://www.amitavghosh.com/index.html

RECORDAMOS QUE EL PRÓXIMO 22 DE NOVIEMBRE CELEBRAREMOS UNA SESIÓN PRESENCIAL SOBRE LA NOVELA EN LA CASA ENCENDIDA (MADRID) A LAS 20h (planta 2, aula 9)

 

 

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Conducta migratoria, de Barbara Kingsolver

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En esta ocasión, compartimos la reseña sobre la novela que ha publicado Raquel Martínez en su blog Ceniza de ombú. Raquel es escritora y comunicadora, además de amiga del Ecoclub de lectura, en alguna de cuyas sesiones ha participado.

Conversaremos sobre “Conducta migratoria” el próximo 4 de octubre, de 20 a 21.30, en La Casa Encendida (tenemos también previstas sesiones el 15 de noviembre y el 20 de diciembre)

http://www.lacasaencendida.es/encuentros/conducta-migratoria-barbara-kingsolver-6467

Perdiendo nuestro mundo

 Uno de los grandes temas de la literatura, según escribe Bárbara Kingsolver en Conducta migratoria (Flight Behavior), es el hombre contra el hombre y contra sí mismo. “¿Podría el hombre estar alguna vez a favor de algo? –se pregunta Dellarobia Turnbow, su protagonista, mientras la escritora nos muestra una humanidad pasiva a la que le falta valentía para enfrentar la amenaza del cambio climático.

La novela de Kingsolver transcurre en una granja de los Apalaches donde de repente aparecen millones de mariposas monarca. La primera vez que Dellarobia presencia los racimos de mariposas cree que se trata de una enfermedad de los árboles pero, en realidad, lo que está viendo es un indicio más del anticipo de la pérdida: un incendio sin fuego en el que también arderá su mundo.

Continúa leyendo en:

http://www.otromundoestaenmarcha.org/ceniza-de-ombu/2016/09/20/perdiendo-nuestro-mundo/

 

 

 

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La profecía de Gaia, de Isabel de Navasqüés y de Urquijo

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Aqua era un mundo azul. El más azul de todos los planetas azules. No había tierra en el. Hubo un tiempo en que existió la arena fértil surcada por miles de  de grandes ríos, donde moraban inmensos árboles y multitud de especies.  Entonces era conocida como Terra. Un día, sin saber por qué, los ríos comenzaron a crecer y a crecer y la tierra empezó a disminuir y a disminuir.

Y Terra pasó a llamarse Aqua.

Tardó muchos años en desaparecer toda. Años en que los habitantes se vieron forzados a separarse de la naturaleza de su especie. Tuvieron que aprender a vivir familiarizados con el agua. Primero en marismas pantanos y manglares y cuando no quedó otro remedio construyeron enormes plataformas flotantes que pasaron a figurar como los nuevos estados y ciudades (…)

Las primeras líneas de La profecía de Gaia nos sitúan rápidamente en una obra llena de fantasía pero que presenta, a la vez, la realidad de nuestras (malas) relaciones con la naturaleza. En ese contexto, algunos humanos (que, a diferencia de la mayoría de sus congéneres, sí poseen fantasía)  se lanzan al agua, medio al que muchos animales terrestres se han adaptado sin problemas (todos los animales terrestres aprendieron a nadar, más tarde a respirar bajo el agua). Esos humanos, excepcionales, se emparejaron, incluso, con delfines, dando lugar a los denominados delfines tierra, uno de cuyos individuos, Cian, juega un papel protagonista. Y precisamente de esa estirpe es Kiso Maravillas, personaje que aparece al final de la obra pero que protagonizará futuras aventuras que Isabel de Navasqüés ya está imaginando y escribiendo.

Pero toda esa agua no ha aparecido en el planeta porque sí:

Le explicó que el planeta estaba herido y por eso, Gaia, que así se llamaba nuestra madre Tierra, había dado rienda suelta al Agua para purificarse…

Le explicó que los seres humanos habían errado su camino y que con sus actos habían  atentado contra la esencia misma de la naturaleza. El desequilibrio fue tan brutal que Gaia se vio obligada a intervenir en el balance (…)

La llamada “hipótesis de Gaia” inspira, además del título de la novela, el comportamiento del planeta Terra/Aqua e invita a volver a abrir libros como Las edades de Gaia del científico inglés  James Lovelock. Sin embargo, Wikipedia resuelve la elaboración de una breve síntesis de una idea compleja (faltaría, quizás, en el párrafo una mención a cómo una película como Avatar ayudó a comunicar esa idea. Y también, en el terreno de la narrativa, puede aludirse a las secuelas de la conocida trilogía de las Fundaciones, escrita por Isaac Asimov):

La hipótesis de Gaia es un conjunto de modelos científicos de la biosfera en el cual se postula que la vida fomenta y mantiene unas condiciones adecuadas para sí misma, afectando al entorno. Según la hipótesis de Gaia, la atmósfera y la parte superficial del planeta Tierra se comportan como un todo coherente donde la vida, su componente característico, se encarga de autorregular sus condiciones esenciales tales como la temperatura, composición química y salinidad en el caso de los océanos. Gaia se comportaría como un sistema auto-regulador (que tiende al equilibrio). La teoría fue ideada por el químico James Lovelock en 1969 (aunque publicada en 1979) siendo apoyada y extendida por la bióloga Lynn Margulis. Lovelock estaba trabajando en ella cuando se lo comentó al escritor William Golding, fue éste quien le sugirió que la denominase “Gaia”, diosa griega de la Tierra (Gaia, Gea o Gaya).

Aunque se disfruta como adultos, no hay que olvidar que  la novela está dirigida a niños y jóvenes a partir de los once años. Al que amablemente colaboró con el Ecoclub de lectura leyéndose la novela, esta  le gustó y enganchó (Miguel, 12 años). La obra, siendo tan importante la sensibilización y educación de las generaciones más jóvenes,  fomenta valores como el respeto a la naturaleza, la comunidad (familiar, inter-especies o Gaia en su conjunto), la cooperación, la amistad, el amor, el vegetarianismo (o flexivegetarianismo).

Los escalofrío (esos humanos tan particulares a los que da calambre el contacto con el agua), los y las delfines tierra, la gran migración submarina, en la que viajan conjuntamente las especies marinas junto con las terrestres que se habían adaptado, la conversación entre  especies  y la comunicación entre tiempos diferentes, entre otras cosas, capturarán seguramente la atención de los más jóvenes.

Debe decirse que la visión de la naturaleza de la mayoría de los humanos que muestra La profecía de Gaia es pesimista, aunque caben excepciones que son las que permiten plantear un mensaje esperanzador:

No se conoce el motivo exacto pero, día a día, la naturaleza humana se había vuelto viciosa, viciosa, oscura, violenta, Causaba  avería, perjuicio, menoscabo, dolor y molestia a todo lo que se encontraba cerca (…)

¿No ves que tienen hambre de carne, de vida, de poder y no tienen límites, ni escrúpulos? (…)

Nómbrame una sola especie que asesine, que mate por placer, por curiosidad, por si acaso. En los mares no hay ni una criatura que se comporte de la amera que lo hacen ellos (…)

La familia de los cetáceos que escuchaba a Árbol se miraban entre si con asombrados de la crueldad que regía en la superficie. Los que nunca habían conocido el mundo Terra buscaban la mirada de los que sí, pidiendo confirmación sobre si unos hechos tan espeluznantes eran posibles en este planeta (…)

Orientada hacia los jóvenes, aparecen con algunos guiños que escaparán a estos lectores pero que harán, a veces, sonreir  a los adultos. Nombres propios como Man Ray, Kundalini, la Sala de Om, Luto (el de un toro); detalles como el del monolito que recuerda al de 2001 Una odisea del espacio  (en tamaño XXL) o el de esas plataformas flotantes que hacen pensar en la película Waterworld (de Kevin Costner). Igualmente, son muchos  -y muy importantes en el desarrollo de la trama- los elementos relacionados con la espiritualidad, la  meditación y el yoga.

Un clic en su cerebro. La luz invadió su alma: El Universo entero se reveló en su interior y su conciencia despertó a una realidad desde donde ya no había retorno (…)

Por fin se relajó y comprendió de manera automática que ella era uno con el universo y que el Universo también era uno con ella (…)

Es una novela que invita a sumergirse en ella, respirando sus palabras, como hace Árbol Maravillas con el agua al lanzarse al océano, bastante al principio del libro, en el gesto que propicia la principal aventura:

Antes de saltar, Árbol se había jurado a sí mismo que bajo ningún concepto volvería atrás. Debía cerrar los ojos, bucear lo más fuerte que pudiese, dirigirse a lo más profundo pero, sobre todo, dejarse llevar… Tal y como su voz interna le había indicado, no ofreció ninguna resistencia a lo que sucedía y de improviso, advirtió que estaba respirando agua como si fuese oxígeno (…)

Isabel de Navasqüés y de Urquijo (Madrid, 1978) es licenciada en Periodismo y en Comunicación Audiovisual. Escribe desde la niñez y, tras más de diez años trabajando en distintas ramas de la comunicación y de las artes, publicó en 2015 La profecía de Gaia, su primera novela; actualmente escribe ya la segunda de la serie. La novela y Kiso Maravillas cuentan con una cuidada página web:

http://kisomaravillas.com/

CONVERSAREMOS SOBRE LA NOVELA EL PRÓXIMO 28 DE JUNIO EN LA CASA ENCENDIDA (MADRID) Y A LAS SIETE DE LA TARDE, COMO ES HABITUAL ESTE AÑO. TENEMOS LA SUERTE DE QUE NOS PODRÁN ACOMPAÑAR LA AUTORA DE LA NOVELA Y TAMBIÉN ESTER LASO, MIEMBRO DEL GRUPO DE ESTUDIO EN ECOCRÍTICA (GIECO) Y PROFESORA DE LITERATURA DE LA UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES.

http://www.lacasaencendida.es/encuentros/narrativa-ecologista-ninos-jovenes-partir-profecia-gaia-5672

 

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