Lecturas para el verano

verano 2018

Aunque no resulte muy original y ya estemos metidos de lleno en el periodo veraniego, nos sumamos a las recomendaciones de lecturas para estas semanas en las que muchas personas se toman vacaciones (queremos seguir aportándoos sugerencias a quienes nos seguís). Por supuesto,  lo primero es recomendaros que os asoméis a las entradas antiguas de nuestro blog, donde pueden encontrarse reseñas de todas las novelas que ya han pasado por una sesión presencial.

Lo siguiente es mencionar  El Oráculo de Gaia, que será objeto de nuestra primera sesión presencial del otoño (hacia comienzos de octubre); su autor, Carlos de Castro, es profesor de física de la Universidad de Valladolid y conocido en círculos ecologistas (la novela la firma como Érawan Aerlin). Fantasía y una posible realidad, nada deseable, están presentes en esta entretenida obra por  la que se asoman un colaborador de Leonardo da Vinci, elfos, científicos gallegos, “brujas” y una bella visión sobre el papel de los árboles en el ecosistema  planetario; por cierto, todo se entiende (las cinco tramas aparentemente independientes) y cobra sentido al final.

Posiblemente, nuestra segunda lectura del otoño (hacia finales de noviembre) sea Sobre los huesos de los muertos, de la polaca Olga Tocarczuk, una autora muy reconocida en su país. Se trata, escribía alguien, de una  novela negra animalista

Hace ya algunos meses leíamos Años de sequía, de la inglesa Jane Harper. una novela negra, muy negra, ambientada en la Australia contemporánea (en la Australia profunda, en la Australia vacía), donde el cambio climático se manifiesta desde hace tiempo. Con ese trasfondo de calor sofocante tal vez el libro  no refresque mucho,  pero si resulta muy entretenido.

Espejo lobo, que todavía no hemos leído, es el nuevo libro de nuestra amiga Concha López Llamas, cuya novela Beatriz y la loba pasó hace un par de años por una sesión presencial del Ecoclub de lectura. En esta ocasión, la obra la conforman  relatos protagonizados por lobos y ambientados en diferentes territorios (comunidades autónomas) de la Península Ibérica.

Todo lo bueno es libre y salvaje. Hay que reconocer que fue el título lo que nos llamó la atención. Aunque que el autor de referencia fuera  Henry David Thoreau es toda una garantía. Esta antología recoge fragmentos cortos del mejor pensamiento  del norteamericano y los agrupa en numerosas categorías. Invita a leer unas líneas y pensar sobre ellas, preferiblemente en algún lugar donde la naturaleza esté presente: mirando una montaña, unos campos, un mar…

El club de lectura amigo Petra Kelly, centrado en el ensayo, dedicará su última sesión del próximo curso, por sugerencia nuestra, a El origen de la naturaleza, de Andrea Wulf, que relata la vida del naturalista e ilustrado del XVIII Alexander Von Humbolt; la persona que propuso una visión moderna del pensamiento ecológico. De cara a nuestros seguidores, puede decirse que, aunque estemos ante un ensayo, el protagonista llevó una vida muy novelesca. Podéis consultar las obras sobre las que se conversará el Club de lectura Petra Kelly  el próximo curso 2018-2019 vía este enlace: https://ecopolitica.org/petra-kelly-ano-vi-2018-2019/

¡Disfrutad del periodo estival y de las vacaciones!

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Algo, ahí fuera, de Bruno Arpaia

Arpaia

Eran sombras lúgubres que huían del presente y del pasado, eran hombres, mujeres y niños más o menos como ellos, los más afortunados de la escoria de la Tierra, porque no habían muerto en la carretera o en el mar, eran fugitivos de todas las naciones que los países nórdicos rechazaban más que si fueran apestados y que antes o después acababan en  el Báltico, en la terminal de una huida en masa que los conducía a una trampa inmensa, acosados por la policía, a merced de los traficantes, a la espera con pocas esperanzas de un barco, una balsa, una lancha neumática que los condujera a Escandinavia, vivos a ser posible (…)

En esta ocasión, vamos a dejar como reseña de la novela la crónica de la sesión presencial que hizo la revista cultural El Asombrario: Cuando los europeos del sur tengan que emigrar de una tierra desértica

 

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Restos mortales, de Donna Leon

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Por todas partes hemos construido y excavado y arrancado y hecho lo que hemos querido con la naturaleza. Y fíjate bien –había insistido después de volverse hacia la derecha y señalar la laguna–: esto también lo hemos envenenado (…)

–Han hecho lo que les ha dado la gana con la naturaleza y nuestros hijos pagarán las consecuencias (…)

Aunque la acción de “Restos mortales” se desarrolla en la Laguna de Venecia,  la reflexión sobre lo que le estamos haciendo al planeta es generalizable en la, hasta el momento, penúltima novela de Donna Leon. Resulta central la cuestión  de cómo la contaminación de la laguna debido a vertidos industriales  afecta a la abejas o a la salud de las personas, pero hay un tema de fondo, más amplio, que tiene que ver con nuestro estilo de vida, con nuestro modelo civilizatorio. Los “restos mortales” a los que alude la novela somos, a la vez: los humanos, las abejas, la laguna y el planeta…

Ya habían aparecido, aisladamente, diferentes temas ambientales en algunas de las anteriores aventuras del comisario Brunetti. Sin embargo, el medio ambiente es el tema principal de esta novela y su protagonista actúa como un ecodetective. Sobre qué ha motivado a  la autora a escribir su novela con semejante enfoque puede recomendarse la lectura de una entrevista que le hicieron en el diario inglés The Guardian cuando se publicó su novela: Donna Leon: Why I became an eco-detective writer

El se encogió de hombros y miró por la ventanilla mientras el coche avanzaba por la autovía hacia la ciudad. Se preguntó en qué momento se habían puesto las cosas tan feas: ¿Cuándo habían aparecido todos esos edificios horribles y las fábricas y los aparcamientos, las interminables hileras de tiendas de saldos y los centros comerciales?, ¿de dónde habían salido todos esos engendros con dentadura de dragón? (…)

En esta obra, el popular -entre los lectores de numerosos países- comisario Brunetti necesita unas vacaciones. Así se lo ha recomendado su médico y también insiste en ello su esposa, que finalmente le convence para que se vaya una temporada a una casa familiar en San Erasmo, la isla más grande de la laguna veneciana. El comisario tiene pensado pasar unos días casi en plena soledad y rodeado de naturaleza, leyendo esos  libros de clásicos griegos y latinos que acostumbra (La Historia Natural, de Plinio el Viejo, le acompaña, por ejemplo, en esta ocasión) y haciendo algún tipo de trabajo manual que le ayude a mantener la cabeza alejada de la oficina. Una vez allí, Brunetti entabla amistad con Davide Casati, un personaje interesante de la novela, el hombre encargado de cuidar la casa, un tipo duro y peculiar al que sólo parece haber una cosa que le preocupa desde la muerte de su mujer: el cuidado de sus abejas, que misteriosamente están desapareciendo a causa de algún extraño fenómeno que afecta a toda la zona. Cuando Casati, que conoce cada una de las islas al milímetro y es un experto navegante, aparece ahogado en las aguas de la laguna, Brunetti pondrá a su equipo a resolver el asunto, lo que da pie a una segunda parte más policial, frente a una primera parte en la que se recrea en el ambiente de la laguna.

Las abejas son protagonistas y víctimas de esta novela negra y verde a la vez; e, igualmente, motivo de preocupación en todo el mundo y objeto de las campañas de diversas organizaciones ecologistas.

Están muriéndose. Mis chicas se mueren. -¿Y qué las mata? –Podría ser varroa- explicó Casati.- ¿Qué es eso?  -Ácaros (…) –Pero no las matan. Casati chasqueó la lengua. – Si están débiles, hay otras cosas que pueden matarlas- le explicó-. No tener suficiente alimento, los virus, los pesticidas, los herbicidas (…)

Lo que sucede con las abejas es también un indicador del deterioro ambiental, producido en el caso de este relato, por vertidos industriales  ilegales, un tema que la novela trata con detalle.

Brunetti llevaba mucho tiempo oyendo esas historias: cuando los árboles del parque de San Giuliano, cerca de Marghera, murieron al cabo de un año de haberlos plantado corrió el rumor de que los residuos tóxicos que había enterrados en el terreno donde se había construido el parque habían comenzado a filtrase (…) Pero también había hechos: había leído las estadísticas sobre los tumores que habían arrasado con una generación de trabajadores de las fábricas (…)

La naturaleza como refugio, como terapia, como fuente de bienestar, es otra cuestión que destaca.

El inmenso alivio que suponía alejarse de la ciudad, de la gente, del ruido y de las exigencias que todo eso imponía (…)

Miró la tierra y le pareció rica y agradable. Los árboles y los campos lo asaltaron con su verdor y le recordaron que no solo en la piedra y en el mundo de los hombres había belleza (…)

El cambio climático, el calor más fuerte de lo habitual, el bochorno agobiante del mes de julio más caluroso del que se tenía constancia, no podía dejar de aparecer también a lo largo de las páginas de la novela.

Y aunque en esta novela la ciudad de Venecia no es protagonista, se menciona (tenía que hacerlo) el problema de la masificación turística.

“Cuando llegaron a los pies del puente de Rialto, lo miraron horrorizados. Hormiguero, termitas, avispas (…) hasta llegar al punto más alto, donde tuvieron que abrirse paso a empujones entre los que estaban allí plantados, sin moverse (…)”

Sobre Donna Leon y su comisario Brunetti puede encontrarse muchísima información pero hay que decir, al menos, que la autora es norteamericana de nacimiento (en 1942) y que residió en Venecia desde comienzos de los años ochenta y hasta hace poco. Sin embargo, la turistificación masiva le ha hecho refugiarse en tierras suizas.

El comisario Brunetti nace en 1992 en  “Muerte en la Fenice”. “Restos mortales” (2017), su vigésimo sexta aventura,  es la penúltima publicada hasta ahora. La última, “La tentación del perdón” (2018), ha visto la luz  recientemente. Brunetti es un detective algo diferente a lo considerado canónico dentro del género: está felizmente casado, tiene un par de hijos y una vida decente, en palabras de su creadora. Sus aventuras han sido traducidas a veintiséis idiomas

PD1/ El medio ambiente y los problemas ambientales de la Laguna de Venecia se encuentran cartografíados con detalle, como muestra el proyecto: Atlante della laguna

PD2/ Conversaremos sobre “Restos mortales” el 11 de abril, a las 19h, en La Casa Encendida (Madrid)

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Senderos de libertad. La lucha por la defensa de la selva, de Javier Moro

Moro

Eran las siete menos diez.  A partir de ese momento ya nada sería igual en la pequeña ciudad de Xapurí, ni en la vasta Amazonia. Antes de que Chico terminase de abrir la puerta, una detonación desgarró la oscuridad. Quizás tuvo tiempo de ver a dos individuos apostados junto al muro de la caseta mientras se llevaba las manos a la cabeza <<¡Me han dado!>>, gritó (…)

El 22 de diciembre de 1988 fue asesinado a tiros en su casa de Xapurí (localidad del Estado de Acre, al oeste de Brasil, cerca de Bolivia y Perú) el cauchero, sindicalista y activista  defensor de los bosques amazónicos Chico Mendes.

La  vida  de Chico Mendes y todo su contexto (y la Amazonia es un contexto inmenso) es lo que el escritor español  Javier Moro cuenta, atrapando al lector,  en Senderos de libertad. La lucha por la defensa de la selva (1992). La obra refleja  un esfuerzo de investigación y documentación impresionante, que recoge la contraportada del libro, donde se indica que durante tres años, Javier Moro recorrió miles de kilómetros a través de la Amazonia en avioneta, canoa, autocar e incluso a pie para recrear la epopeya del mayor plan de colonización jamás emprendido por el hombre. Para reconstruir los acontecimientos, el autor entrevistó a líderes populares amenazados de muerte, a terratenientes acusados de tener esclavos, a indios que están logrando sus primeras victorias contra los blancos, a buscadores de oro tan generosos como arruinados, a científicos temerosos de no poder finalizar sus investigaciones.

Senderos de libertad arranca en el Brasil más seco (que existe), el Nordeste, en 1942. En ese momento la II Guerra Mundial, y la ocupación japonesa de las plantaciones de árboles del caucho del Sudeste asiático,  reactivaron la venida a menos explotación del caucho en Suramérica. El primer ciclo de esa explotación abarca desde finales del XIX hasta los años 20 del XX y el lujo de la ciudad de Manaos y su Teatro de la ópera sería una de sus caras; la otra cara, muy oscura, podemos imaginarla proyectando hacia el pasado las condiciones de los trabajadores, bien descritas por Javier Moro, sobre los que se sustentó semejante esplendor.

Sin embargo, ese nuevo auge se termina pronto, con el final de la guerra, y la amenaza de la deforestación, fomentada desde  Gobiernos impulsores de planes de desarrollo faraónicos (¿por qué se llama desarrollo a eso?), amenaza a todas las personas que allí vivían.

Un hecho  que nadie había previsto acabaría siendo el factor esencial del caos y de las convulsiones sociales y medioambientales que acompañaría a este último intento de conquistar la selva. Las carreteras que se proponían  cuadricular la selva estaban concebidas para cruzar inmensos espacios vacios, pero la verdad es que la selva no estaba vacía. Había gente: xeringueiros, ribeirinhos, recolectores de fruta, indios, caboclos. Gente que vivía en la selva y de la selva y que por tanto la cuidaba (…)

La obra no describe tan solo las luchas de los trabajadores del caucho, esclavos de facto, en defensa de la selva, su sustento, y su apuesta por un modelo sostenible (el de las reservas extractivas) sino que también presta atención a las poblaciones indígenas.

Por toda la Amazonia se multiplicaban los dramas de las comunidades indígenas (…)  Y eso era solo el principio. El deforestamiento masivo tendría lugar en las dos décadas siguientes, cuando millones de animales se verían obligados  a huir ante el avance de leñadores y buscadores de oro, cuando bosques milenarios serían reemplazados por haciendas y ranchos de dudosa rentabilidad (…)

En una obra que traza un cuadro muy completo de lo que sucede socioambientalmente en la Amazonia no podían faltar los análisis sobre las causas.

¿Cuál es la dinámica social, política y económica de la deforestación en Brasil? Los estudios decían que la desaparición de los bosques no se debía a la tal apara conseguir madera, sino que el 75% lo era “a la conversión agrícola”, y esto incluye la transformación de la selva en pastos para el ganado y la colonización espontanea de campesinos pobres (…)

También se aborda el tema de la minería y, en particular, el de la minería de oro. La obra incluye descripciones que el cerebro de muchos lectores completará con las imágenes, tan conocidas, del fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado sobre Sierra Pelada. Algo se dijo ya sobre temas como el extractivismo (y el ecologismo de los pobres) en este blog, en la reseña de El corazón de la Tierra.

En un área de dos kilómetros cuadrados veían grupos de hombres trabajando en sus fosos como ratones devorando un queso: los ruidos de la selva habían  sido reemplazados por una cacofonía de bombas de agua, tornos, trituradoras y generadores, gritos y  emisiones de radio. La ladera de la colina parecía haber sufrido un bombardeo (...)

Son muchos los personajes (reales) que aparecen:  xeringueiros como Alfredo y Pedro, con quienes comienza el relato; el trabajador, y más tarde Director,  de la Fundación Nacional del Indio, FUNAI, Sydney Possuelo; indígenas como el cacique  Paiakan; el buscador de oro Tarzán; religiosos, con un papel tan importante, como Don Moacyr y Gilson Pescador; la ecologista brasileña Mary Allegretti  así como algunos  ecologistas, sobre todo norteamericanos, que tuvieron mucho que ver con la proyección internacional de Chico Mendes; incluso asoma, hacia el final, Lula da Silva, el ex Presidente de Brasil. Sin embargo, hay un segundo personaje principal en “Senderos de libertad”,  Pernanbuco, uno de los pistoleros contratado por unos terratenientes para eliminar al dirigente sindical xeringueiro y cuya también durísima vida se relata con detalle.

La actividad de Chico Mendes, dada a conocer por diferentes organizaciones ecologistas, y su asesinato, tuvieron una gran repercusión internacional y, quizás, incluso la deforestación de la Amazonia se  ralentizó durante unos años. Según datos del  INPE, Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais, bajó desde el 1988 hasta el 1991, para ir subiendo hasta alcanzar un máximo en 2004 e ir nuevamente bajando; aunque en 2015 y 2016 se observa un repunte (en 2017 parece que vuelve a descender un poco). En todo caso, la extensión forestal que se destruye actualmente, tan solo en Brasil, equivale a la superficie de comunidades autónomas como La Rioja o Cantabria.

Aunque su muerte no bastó para salvar la mayor masa forestal del planeta, si sirvió para detener momentáneamente su devastación… mostró al mundo una nueva faceta de la selva, la de un universo habitado por seres humanos en armonía con las demás especies (…)

La vida de Chico Mendes se ha llevado al cine a través de The Burning Season (puede encontrarse en You Tube… al parecer, no es muy buena película)  y a ella se han dedicado numerosos documentales como Chico Mendes O preço da floresta (Discovery Channel . Igualmente,  músicos muy conocidos internacionalmente, como el grupo Maná o Paul MCartney, le han dedicado temas.  Hay incluso un asteroide que lleva su nombre (47162 Chicomendez).

Javier Moro, nacido en 1955, ha publicado numerosas novelas, la última de las cuales la es  A flor de piel (2015). En 2011 recibió el Premio Planeta por El imperio eres tu, que narra la vida de Pedro I, el primer emperador de Brasil. Era media noche en Bhopal (2001), que aborda el accidente de una fábrica de productos químicos en India, en 1984, que produjo 30.000 muertos, es otro título suyo que pasará alguna vez por el Ecoclub de lectura.

Senderos de libertad,  aparecida en 1992, fue su primera novela. Y, tomando prestadas unas palabras de Ursula K. Le Guin, la escritora norteamericana que ha fallecido mientras se redactaban estas líneas, puede decirse de esta obra que forma parte de esa narrativa, que tiene el mismo poder hoy que ayer para “cambiar la realidad”. O sea, muy poco directamente. Indirectamente, sin embargo, gracias a su potencial para abrir nuestra mente, alterar el rumbo de los pensamientos, brindar maneras inéditas de ver y comprender la realidad, me parece que su poder es enorme.

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*El 30 de enero tuvimos la oportunidad, la suerte, de conversar con Javier Moro, en La Casa Encendida,  sobre “Senderos de libertad” y sobre el oficio de contar historias a través de la palabra escrita.

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La frontera del lobo, de Sarah Hall

Hall

Rara vez sueña con ellos. De día son esquivos, se esconden entre la maleza de la reserva y se alejan del cubil. Son veloces, pero también holgazanes: van de un lado a otro camuflados por el pelaje, de los mismos colores que su territorio, y duermen debajo de un tronco, invisibles en ambos casos. Han perfeccionado sus técnicas de desaparición. De noche regresan (…)

Rachel Caine, protagonista y desde cuyo punto de vista se narra “La frontera del lobo”, lleva diez años estudiando y protegiendo las manadas de lobos en una reserva india de Idaho, una labor absorbente que limita su vida personal a escasas amistades y a relaciones esporádicas. Todo va a cambiar cuando recibe una interesante oferta de uno de los hombres más ricos del Reino Unido, el duque de Annerdale; un excéntrico aristócrata de Cumbria, tierra natal de Rachel, que pretende reintroducir el lobo gris en sus extensas tierras (el personaje está inspirado en el millonario inglés Paul Lister,  que posee enormes fincas en Escocia y estudia reintroducir lobos y osos).

La vuelta de los lobos despierta en la región temores atávicos, viejos mitos y arcaicas supersticiones que se traducen en protestas y presiones, aunque el mensaje de la novela es favorable a la conservación.

Que el estudio, la conservación y la protección en el hábitat natural es una empresa sumamente beneficiosa para todo el mundo. Que los lobos no solo reportan beneficios económicos, sino que mejoran la salud del medio ambiente (…)

Y todo ello sobre el trasfondo, como no destacarlo en este momento que se vive en España, de un marco político convulso por el proceso del referéndum de independencia de la vecina Escocia (en la novela Escocia se independiza y ello resulta relevante para el desenlace de la obra, donde se contraponen los modelos de gestión territorial inglés y escocés).

Al otro lado de la frontera se están recuperando grandes extensiones de tierras que hasta ahora estaban en manos de extranjeros, subiendo los impuestos a las destilerías y las piscifactorías de salmones (…)

Hay numerosas escenas dedicadas a describir el comportamiento de los lobos, pero, junto con Rachel, es el paisaje (de Cumbría, del Lake District), que se retrata a lo largo de todas las estaciones, el verdadero co-protagonista de la novela. Un paisaje observado con precisión pero claramente no hiperbólico; que transmite belleza pero se resiste a lo pintoresco, escribió un crítico del diario inglés The Guardian.

El Valle de Galt está incendiado de colores cuando Rachel empieza a adentrarse. Los bosques derrochan las tonalidades de otoño: cobre, mostaza. Un centenar de rojos. El brezo tiene el color del bronce; asediado por la abejas a lo largo del verano, ya empieza a marchitarse (…)

En toda la novela aparecen referencias puntuales a distintos problemas ambientales como el fracking, los vertidos a los ríos, el transporte de residuos nucleares (al situarse la acción cerca de la conflictiva planta de Sellafield), la desaparición de los bosques debido a la extensión de las granjas y plantaciones forestales, el impacto paisajístico de los molinos eólicos, la educación ambiental, Chernóbil y se alude, en varias ocasiones, a cambios en el clima.

Sin embargo, destacan las reflexiones,  de mayor calado, sobre lo que es natural, sobre la idea de naturaleza salvaje (sobre lo que en ingles se dice wilderness), sobre las intervenciones  de los seres humanos sobre el paisaje.

“La frontera del lobo”, escribía un crítico, viene de una palabra finesa y  se refiere a la frontera entre la región de la capital y el resto del país, y lleva consigo la sugerencia de que todo lo que está más allá de esa línea es territorio salvaje.

Pero desde que ha vuelto a Inglaterra, ningún partido político ha logrado convencerla de que su postura va algo más allá de un ecologismo conservador y centrado en la perspectiva urbana. Las costuras del campo británico han reventado y, por lo visto, el campo se considera un jardín de la ciudad (…)

Aquí a la gente no le interesa la naturaleza de verdad. Solo quieren paseos bonitos, vistas bonitas y un salón de té. (…)

Esas reflexiones sobre la lo salvaje enlazan con la idea, en boga desde hace algunos años, de rewilding (que en español puede traducirse por resalvajar, asalvajar o asilvestrar;  aunque se suele utilizar la palabra inglesa). La idea tiene que ver con preservar y restaurar las interacciones ecológicas como objetivo de conservación, tarea facilitada especialmente por las especies que participan en mayor número de interacciones. Existe, incluso, una iniciativa que se llama Rewilding Spain. Y en esa misma línea  va la tesis central del último libro del conocido biólogo norteamericano E. O. Wilson, cuyo título, recién aparecido en español, es suficientemente elocuente: “Medio planeta. La lucha por las tierras salvajes en la era de la sexta extinción”. Propone E.O. Wilson conservar el cincuenta por ciento de nuestro planeta.

Pero, además de los temas que se destacan como Ecoclub de lectura, “La frontera del lobo” plantea bastantes más (lo que hace interesante la novela para todos los lectores), como indica un crítico del New York Times: el de las relaciones entre hombres y mujeres, la familia, la relación animal/humano. O, para los editores de la novela: el del paisaje que los rodea, convertido en espejo de nuestra propia naturaleza interior, de los lazos que se rompen y se asientan, de nuestras identidades reales o imaginarias… Una alegoría que indaga, mientras el lector avanza con paso seguro en el relato, en la complejidad de la existencia, tanto animal como humana, y en el límite difuso entre la vida salvaje y la civilización, dentro y fuera de cada uno de nosotros.

Sarah Hall (nacida en 1974, en Cumbria) es una reconocida y premiada escritora inglesa, que este año forma parte del jurado del Booker Prize, premio del que ha sido finalista en dos ocasiones. “La Frontera del lobo”, publicada en 2015, es su quinta novela.

http://www.sarahhallauthor.com/

PD1/ Los lobos se asoman por segunda vez al Ecoclub de lectura, tras haber pasado “Beatriz y la loba”, de Concha López Llamas

PD2/ CONVERSAREMOS SOBRE “LA FRONTERA DEL LOBO” EL PRÓXIMO 31 DE OCTUBRE, A LAS 19H, EN LA CASA ENCENDIDA (MADRID)

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Sugerencias para el verano

recomendaciones

Tras una primavera  algo en suspenso nos sumamos, aunque no resulte muy original, a las recomendaciones de lecturas para el verano (queremos seguir aportándoos sugerencias a quienes nos seguís)). Algunas ideas tienen que ver con novelas que ya hemos leído y a las que podríamos dedicar sesiones presenciales (que nos gustaría volver a retomar y disfrutar el próximo otoño). Otras, son obras que tenemos en el montón de “para leer”.

En cuanto a lecturas que ya hemos hecho, vamos a comenzar por mencionar Senderos de libertad, de Javier Moro, donde  se narra la vida del activista brasileño Chico Mendes, que fue asesinado en los años noventa. Por desgracia, son muchos los activistas ecologistas, decenas anualmente, que continúan perdiendo la vida. El autor (Premio Planeta por otra obra suya), con el que hemos contactado, nos ha comentado que estaría  encantado de asistir a una sesión presencial, así que ahora es cuestión de “agenda”.

El Oráculo de Gaia es un título que leímos hace ya tiempo y sobre la que alguna vez nos gustaría celebrar también una sesión en la que contáramos con su autor, un profesor de física de la Universidad de Valladolid y conocido en círculos ecologistas (la novela la firma como Érawan Aerlin). Fantasía y una posible realidad, nada deseable, están presentes en esta entretenida obra por  la que se asoman un colaborador de Leonardo da Vinci, elfos, científicos gallegos, “brujas” y una bella visión sobre el papel de los árboles en el ecosistema  planetario; por cierto, todo se entiende y cobra sentido al final.

El pasado 20 de junio, Día mundial del Refugiado, recomendamos, por nuestros canales del Ecoclub de lectura, Algo, ahí fuera , del italiano Bruno Arpaia. Novela a cuya presentación en Madrid asistimos el otoño pasado y donde se habla de unos refugiados ambientales que bien pudiéramos ser los habitantes del sur de Europa dentro de algunas décadas.

Hace unos meses nos hablaron de En la frontera del lobo, una bella novela, escrita por Sarah Hall, una autora inglesa relativamente joven y que ya goza de un notable prestigio literario.  Un filántropo británico está decidido a reintroducir el lobo en Inglaterra de manera controlada, en sus fincas. Preciosas descripciones de Cumbria, la región de Inglaterra fronteriza con Escocia, y reflexiones sobre qué quiere decir “lo natural” en nuestro siglo XXI.

Nos apetece releer y leer a una autora que puede etiquetarse de clásica, la norteamericana Ursula Le Guin. Hay mucho donde elegir. Quizás nos inclinemos por Los desposeídos o por El nombre del mundo es bosque. Y, hablando de bosques, también tenemos en el montón de “pendientes” a Annie Proulx y su reciente El bosque infinito que habla de la destrucción de la naturaleza por el capitalismo. Y no pueden faltar  las obras de las amistades que escriben, como es el caso de Ceniza de Ombú, de Raquel Martínez (de momento solo publicada en Uruguay), donde se hacen presentes algunos temas ambientales, como la megaminería.

Aunque no se trata de una novela, tenemos también en nuestro montón El origen de la naturaleza, que relata la vida del naturalista e ilustrado del XVIII Alexander Von Humboldt.  Posiblemente sea un estupendo libro para conversar en una sesión presencial del Ecoclub de lectura. También dentro del campo del ensayo, nos hemos hecho con The great derangement de Amitav Ghosh, el autor indio que ya pasó por una  de nuestras sesiones  el año pasado con La marea hambrienta.  En este nuevo título reflexiona sobre el papel de  la narrativa en relación al cambio climático.

Nos interesa mucho descubrir autores que escriban en español. Hay un par de obras, pendientes de lectura, de dos autoras argentinas pero, como es lógico, preferimos leerlas antes de decir nada (aunque las hemos metido en nuestra mochila para el verano porque cuentan con buenas críticas).

¡Disfrutad del periodo estival y de las vacaciones!

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El corazón de la Tierra, de Juan Cobos Wilkins

portada

¿Las teleras? (…) Eran enormes piras de varios metros de altura (…) ardían lentamente durante meses, día y noche. En su interior, la combustión de mineral desprendía un denso humo de dióxido de azufre, una nube venenosa, mortífera a la larga, que llamábamos la manta. La lepra del aire. Su necrosis. Cuando no soplaba el viento, la manta, suspendida, permanecía flotando baja sobre el pueblo (…)

El corazón de la Tierra, publicada en 2001,  tiene como trasfondo la primera protesta ecologista de la Historia de España. El primer conflicto socioambiental podría también decirse. Unos hechos que tuvieron lugar en febrero de 1888, cuando una manifestación pacífica y festiva, en el marco de una huelga general, que se quejaba de la mortal contaminación atmosférica que generaba el tratamiento del mineral, mediante las teleras (proceso prohibido en Inglaterra desde 1864), fue disuelta a tiros por parte del ejército, que disparó a bocajarro sobre las personas congregadas en  la plaza de Riotinto, frente al Ayuntamiento. Se ocultaron cadáveres y hechos, pero las estimaciones hablan de entre 100 y 200 personas asesinadas, incluyendo niños, mujeres y ancianos.

Los que suscriben representan a 4000 obreros y dicen que, en la seguridad de los perjuicios de los humos sulfurosos y creyendo que las corporaciones municipales tienen autoridad para suprimirlos, suplican a ese Ayuntamiento tome acuerdo de prohibirlos, evitando así que lamentar daños personales como los muy numerosos ya padecidos (…)

En la manifestación no  solo participaron trabajadores de las minas de Riotinto y  sus familias, sino  que se habían sumado agricultores y ganaderos de un amplio entorno, agrupados en la Unión Antihumos, ejemplo de movimiento social transversal, debido a que el impacto ambiental afectaba a lugares bastante alejados de la zona de explotación minera. Las teleras no se prohibieron en Riotinto hasta 1907.

Sus humos, ignorantes de fronteras provinciales, o nacionales, entraban en tierras de Sevilla (…) Las emanaciones sulfurosas invadieron el país vecino. Hasta el sur de Portugal, como larguísimas unas grises se extendían. La propia empresa señalaba en 777 kilómetros cuadrados el área afectada. Una zona que comprendía 11000 propiedades. Y si esto lo databan los mismos causantes del mal, puedes imaginarte (…) Montes también yermos, talados sus árboles para mantener viva aquella combustión. El paisaje asolado y las aguas ácidas que tanto impresiona al forastero (…)

 A los hechos de 1888 (que se conoce desde entonces como “el año de los tiros”) se llega en la novela mediante un proceso de extracción, como si fuera el cobre de las minas, de la memoria de Blanca Bosco, hija de un minero y que era una niña cuando sucedió todo. Blanca conversa, en 1952, con Katherine White,  la nieta del médico inglés de la compañía que se había hecho amigo de la niña. Katherine  viaja desde Londres hasta Riotinto para conocerla, conocer ese lugar del que tanto le había hablado su abuelo y averiguar qué pasó el 4 de febrero de 1888.

El conflicto socioambiental que conforma el trasfondo  de la novela, tiene plena vigencia en nuestros días, en los que el denominado “extractivismo” llega hasta el último de los rincones del planeta, estallando conflictos que se parecen mucho a lo sucedido a finales del XIX en Riotinto. Resulta muy gráfico, en ese sentido, asomarse al trabajo enciclopédico que muestra  el Atlas de la justicia ambiental. El “extractivismo” se refiere, en palabras de Eduardo Gudynas, un autor uruguayo que ha reflexionado y escrito bastante al respecto, a un conjunto particular de apropiaciones de recursos naturales caracterizados por los grandes volúmenes removidos y/o la alta intensidad, donde la mitad o más son exportados como materias primas, sin procesamiento industrial o procesamientos limitados.

También la novela pone sobre la mesa, e ilustra perfectamente, el concepto contemporáneo de “justicia ambiental”, que pone de relieve y demuestra la conexión entre, por una parte, el severo deterioro del entorno natural y, por otra parte, el reparto desigual de sus consecuencias negativas y de las políticas y leyes medioambientales diseñadas para afrontarlo. Un ejemplo, que visualiza perfectamente el concepto, puede ser la propia construcción del pueblo de Riotinto, donde vivían los trabajadores, los nativos para los británicos, en un valle que la contaminación atmosférica, la manta, oscurecía regularmente (una niebla espesa y cenicienta envolvía las casas, y llegaba la oscuridad Se hacía de noche sin serlo. Cerrábamos puertas y ventanas y huíamos a las cumbres de los cerros). Mientras que el pueblo de los ingleses, Bellavista, tras un pormenorizado estudio,  se levantó en un lugar del valle resguardado por cerros y al que los vientos en rara ocasión se dirigían

El singularísimo paisaje de Riotinto, que describe poéticamente el autor y al que denomina Las puertas del infierno, tiene también un protagonismo especial y produce en  Blanca, que había abandonado la zona durante una etapa larga de su vida, un deseo de regreso a ese lugar al que siente pertenecer. Destaca , dentro de ese paisaje, Corta Atalaya, el corazón  de la Tierra, un cráter inmenso –kilómetro y medio de diámetro y quinientos de profundidad- excavado por la mano del hombre para saciar su avaricia metálica de brillos.

Es un sitio que tiene el suelo de color de un pudin de frambuesa, pero es muy, muy distinto, porque es sangre que se ha secado (…) Un río rojo. Bermellón y violáceo. Azafranado en sus orillas. Sin peces. Sin adelfas, sin juncos, sin brizna alguna cercana a su cauce, sin canto de aves junto a sus aguas (…) Pues cuando esa cosa extraña de la que había oído hablar pero en la que no creía, la llamada de la tierra, golpeó con los nudillos en mi puerta y me dijo “vuelve, vuelve” y yo, igual que un animal que escucha la voz antigua de la especie y la sigue, sin pensármelo más, obedecí (…)

 Además de sobre los temas ambientales recogidos, la novela pone muchos más asuntos sobre la mesa, como el de las condiciones laborales y de vida de los trabajadores y sus familias, el  modelo de explotación colonial, las luchas obreras de aquellos tiempos, los casi inicios del anarquismo en España y en el mundo (la I Internacional arranca en 1864, el primer periódico anarquista español, La emancipación, aparece en Madrid en 1871).

El corazón de la Tierra fue la primera novela de Juan Cobos Wilkins, escritor onubense nacido en  1957 y nieto de un empleado de Rio Tinto Company, al que está dedicada la obra.  Además de una amplia trayectoria en el terreno de la narrativa y la prosa, Juan Cobos Wilkins cuenta con una extensa obra en el ámbito de la poesía. Ha ejercido de crítico literario y traductor y ha recibido numerosos premios y reconocimientos. El corazón de la Tierra ha sido llevada al cine  de la mano de Antonio Cuadri (2007).

El 1 de marzo, a las 19h, conversaremos sobre El corazón de la Tierra en La Casa Encendida (Madrid)

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