Elisabeth Costello, de J.M. Coetzee

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Al hablarles hoy de los animales, continúa Elisabeth- les haré el favor de evitar el recital del horror que son sus vidas y sus muertes. Aunque no tengo razones para creer que tengan presente lo que se hace hoy en día a los animales en los centros de producción (ya no me atrevo a llamarlos granjas), en los mataderos, en los barcos pesqueros y en los laboratorios del mundo entero (…)

John Maxwell Coetzee, JM Coetzee (nacido en Ciudad del Cabo en 1940) titula como “Las vidas de los animales” dos los ocho capítulos, llamados lecciones, de su obra Elisabeth Costello (2004). La protagonista de la novela, que lleva su nombre, es una escritora, mayor y de cierto reconocimiento internacional, que viaja por el mundo dando conferencias. Estos dos capítulos, sobre los que se enfoca esta reseña (aunque se recomienda , por supuesto, leer toda la obra), se publicaron de manera separada en 1999 y, en realidad, se trata de las Conferencias de la Cátedra Tanner de la Universidad de Princeton, correspondientes al curso 1997-1998, pronunciadas por el propio Coetzee.

El primero de los dos capítulos lleva como subtítulo ”Los filósofos y los animales” y el segundo “Los poetas y los animales”,  lo que indica cuales son las miradas que se adopta para abordar el tema de las relaciones entre los animales humanos y los no humanos.

El personaje de Elisabeth Costello refleja, en buena medida, el punto de vista del autor, activista a favor de los derechos de los animales y vegetariano. Los otros personajes que aparecen en esos dos capítulos, como su hijo, su nuera o el profesor que expone los tres argumentos en el seminario, muestran diferentes perspectivas en relación al tema, proporcionando al lector una visión de conjunto y bastante completa sobre estos debates.

Las palabras que se recogen al inicio de esta reseña corresponden al principio de la primera de las dos lecciones consideradas, donde Elisabeth Costello hace una afirmación muy contundente, comparando la situación de los animales destinados al consumo humano con los campos de concentración nazis y mencionando directamente el campo de Treblinka.

“Fueron como ovejas al matadero.” “Murieron como animales.”  “Los mataron los carniceros nazis.” La denuncia de los campos de concentración está tan impregnada del lenguaje del matadero y los corrales que apenas hace falta preparar el terreno para la comparación que estoy a punto de llevar a cabo (…)

Déjenme decirlo abiertamente: estamos rodeados de una industria de la degradación, de la crueldad y la muerte que iguala cualquier cosa de que fuera capaz el Tercer Reich, incluso la hace palidecer, dado que la nuestra es una industria sin fin, que se autorregenera, que trae al mundo conejos, ratas, aves de corral y ganado con el único propósito de matarlos (…)

Impresionan las cifras sobre el número de animales sacrificados que proporciona el interesante Atlas de la carne, publicado por la Fundación Heinrich Böll (fundación del Partido Verde alemán). En 2011 se sacrificaron en el mundo 58.110 millones de pollos, 2817 de patos, 1383 de cerdos, 517 de ovejas y  296 de vacas.

Aunque en la obra prima la perspectiva moral y emocional, desde la del Ecoclub de lectura debe decirse que esta industria tiene, además, importantísimas implicaciones ambientales. Un artículo, muy reciente, que lleva por título: “Los retos para la sostenibilidad de nuestras dietas cárnicas y lácteas”, nos indica que: el elevado consumo de productos ganaderos en casi todos los países desarrollados y la demanda creciente de productos basados en la ganadería en las economías en transición están creando serios problemas de degradación ambiental y social persistentes y prolongados. Estos problemas se ven exacerbados y afectados por el cambio climático, las pérdidas de biodiversidad, el estrés hídrico y la contaminación del agua.

Tomándole prestado el título a esa conocida película documental sobre el cambio climático impulsada por el antiguo Vicepresidente de los EEUU, Al Gore, podría decirse que la situación de los animales es una verdad incómoda y, posiblemente, todavía mucho más incómoda porque tiene que ver no con algo en apariencia lejano y “atmosférico” sino, por ejemplo, con el día a día de lo que comemos.

Coetzee elige dos ámbitos, que se corresponden con esos dos capítulos o lecciones, para una aproximación al problema: el terreno de los filósofos y el de los poetas. En el terreno de los filósofos menciona, entre otros, a Aristóteles, Sto. Tomas de Aquino  y, cómo no, a Descartes, cuya visión no gusta nada a la escritora protagonista, que prefiere la de ciertos poetas y cuya perspectiva tiene que ver con lo emocional y se refleja en palabras y expresiones que pronuncia como: compasión, escuchar al corazón y salvar el alma.

Es un lenguaje filosófico con el que posamos discutir y debatir qué clase de alma tienen los animales, si tienen conciencia o si, al contrario, son autómatas biológicos. Si tienen derechos que debamos respetar o solamente tenemos obligaciones hacia ellos (…)

“Cogito ergo sum”, es otra de sus frases famosas. Se trata de una fórmula que siempre me ha incomodado. Implica que un ser vivo que no haga lo que nosotros llamamos pensar viene a ser de segunda clase. Al hecho de pensar, al raciocinio, le opongo la plenitud, la encarnación, la sensación de ser (…)

Ser un murciélago vivo es ser en plenitud. Ser totalmente murciélago es como ser totalmente humano, lo cual también es ser en plenitud… ser en plenitud es vivir como cuerpo-alma. Un nombre para la experiencia de ser en plenitud es goce …)

Si nos los convenzo a ustedes, es porque las palabras que estoy pronunciando no consiguen invocar para ustedes la integridad y la naturaleza no abstracta y no intelectual de ese ser animal. Es por eso que les animo a que lean a los poetas que devuelven al lenguaje ese ser viviente y eléctrico (…)

Sobre el autor, nacido en Sudáfrica en 1940, muy reconocido y premiado, lo que incluye dos veces el Booker (La vida y el tiempo de Michael K en 1983 y Desgracia en 1999) y el Nobel de Literatura en 2003, se han escrito y podrían escribirse muchas líneas, pero aquí solo vamos a recoger unas palabras del crítico mejicano Rafael Lemus:

Basta con acudir al que es, quizás, el más grande de los novelistas contemporáneos: J.M. Coetzee. Decir eso, que Coetzee es el mejor narrador en activo, es, a estas alturas, casi un lugar común; agregar que es, por lo mismo, uno de los dos o tres pensadores más potentes de la actualidad es menos ordinario. Pero de veras que Coetzee lo es. Primero, porque tiene de sobra aquello que uno espera de los grandes narradores –digamos: inventiva, originalidad verbal, rigor dramático, una fina comprensión del comportamiento humano. Después, y sobre todo, porque sus obras poseen un elemento –o mejor, una fuerza– que uno casi ha dejado de buscar en la ficción y ya solo demanda a los mejores ensayistas: tensión intelectual. No es nada más que uno pueda adivinar debajo de sus personajes y anécdotas un plan previo, una esmerada construcción conceptual que sirve solo como combustible para un texto que ha de rebasarla. No es tampoco que sus libros, en especial desde La vida de los animales, estén tapizados de ideas y debates. Es, sobre todo, que en sus manos la narrativa es un medio al servicio de la inteligencia: un vehículo para perseguir, y felizmente no alcanzar, la verdad.

Coetzee hablará  sobre el tema de los animales y, presumiblemente, sobre Elisabeth Costello, el próximo día  30 de junio en el Museo Reina Sofía de Madrid; con esa conferencia se cierran las semanas de actividades que se están celebrando bajo el título de Madrid Capital Animal.

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Como las anteriores, resultó muy interesante la sesión presencial sobre Elisabeth Costello del Ecoclub de lectura. Nuestra próxima cita será el martes 28 de junio, a las 19h, en La Casa Encendida y conversaremos sobre “La profecía de Gaia”, de Isabel de Navasqüés y Urquijo, una  novela dirigida a jóvenes pero que se disfruta como adulto. Nos acompañarán la autora y Esther Laso, profesora de Literatura de la Universidad de Alcalá de Henares y miembro de GIECO.

 

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Acerca de Ecoclub de lectura

Unos 30 años de experiencia profesional en temas relacionados con el medio ambiente, el desarrollo y la cooperación internacional... y algún año más como lector aficionado...
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