La profecía de Gaia, de Isabel de Navasqüés y de Urquijo

Navasques1

 

Aqua era un mundo azul. El más azul de todos los planetas azules. No había tierra en el. Hubo un tiempo en que existió la arena fértil surcada por miles de  de grandes ríos, donde moraban inmensos árboles y multitud de especies.  Entonces era conocida como Terra. Un día, sin saber por qué, los ríos comenzaron a crecer y a crecer y la tierra empezó a disminuir y a disminuir.

Y Terra pasó a llamarse Aqua.

Tardó muchos años en desaparecer toda. Años en que los habitantes se vieron forzados a separarse de la naturaleza de su especie. Tuvieron que aprender a vivir familiarizados con el agua. Primero en marismas pantanos y manglares y cuando no quedó otro remedio construyeron enormes plataformas flotantes que pasaron a figurar como los nuevos estados y ciudades (…)

Las primeras líneas de La profecía de Gaia nos sitúan rápidamente en una obra llena de fantasía pero que presenta, a la vez, la realidad de nuestras (malas) relaciones con la naturaleza. En ese contexto, algunos humanos (que, a diferencia de la mayoría de sus congéneres, sí poseen fantasía)  se lanzan al agua, medio al que muchos animales terrestres se han adaptado sin problemas (todos los animales terrestres aprendieron a nadar, más tarde a respirar bajo el agua). Esos humanos, excepcionales, se emparejaron, incluso, con delfines, dando lugar a los denominados delfines tierra, uno de cuyos individuos, Cian, juega un papel protagonista. Y precisamente de esa estirpe es Kiso Maravillas, personaje que aparece al final de la obra pero que protagonizará futuras aventuras que Isabel de Navasqüés ya está imaginando y escribiendo.

Pero toda esa agua no ha aparecido en el planeta porque sí:

Le explicó que el planeta estaba herido y por eso, Gaia, que así se llamaba nuestra madre Tierra, había dado rienda suelta al Agua para purificarse…

Le explicó que los seres humanos habían errado su camino y que con sus actos habían  atentado contra la esencia misma de la naturaleza. El desequilibrio fue tan brutal que Gaia se vio obligada a intervenir en el balance (…)

La llamada “hipótesis de Gaia” inspira, además del título de la novela, el comportamiento del planeta Terra/Aqua e invita a volver a abrir libros como Las edades de Gaia del científico inglés  James Lovelock. Sin embargo, Wikipedia resuelve la elaboración de una breve síntesis de una idea compleja (faltaría, quizás, en el párrafo una mención a cómo una película como Avatar ayudó a comunicar esa idea. Y también, en el terreno de la narrativa, puede aludirse a las secuelas de la conocida trilogía de las Fundaciones, escrita por Isaac Asimov):

La hipótesis de Gaia es un conjunto de modelos científicos de la biosfera en el cual se postula que la vida fomenta y mantiene unas condiciones adecuadas para sí misma, afectando al entorno. Según la hipótesis de Gaia, la atmósfera y la parte superficial del planeta Tierra se comportan como un todo coherente donde la vida, su componente característico, se encarga de autorregular sus condiciones esenciales tales como la temperatura, composición química y salinidad en el caso de los océanos. Gaia se comportaría como un sistema auto-regulador (que tiende al equilibrio). La teoría fue ideada por el químico James Lovelock en 1969 (aunque publicada en 1979) siendo apoyada y extendida por la bióloga Lynn Margulis. Lovelock estaba trabajando en ella cuando se lo comentó al escritor William Golding, fue éste quien le sugirió que la denominase “Gaia”, diosa griega de la Tierra (Gaia, Gea o Gaya).

Aunque se disfruta como adultos, no hay que olvidar que  la novela está dirigida a niños y jóvenes a partir de los once años. Al que amablemente colaboró con el Ecoclub de lectura leyéndose la novela, esta  le gustó y enganchó (Miguel, 12 años). La obra, siendo tan importante la sensibilización y educación de las generaciones más jóvenes,  fomenta valores como el respeto a la naturaleza, la comunidad (familiar, inter-especies o Gaia en su conjunto), la cooperación, la amistad, el amor, el vegetarianismo (o flexivegetarianismo).

Los escalofrío (esos humanos tan particulares a los que da calambre el contacto con el agua), los y las delfines tierra, la gran migración submarina, en la que viajan conjuntamente las especies marinas junto con las terrestres que se habían adaptado, la conversación entre  especies  y la comunicación entre tiempos diferentes, entre otras cosas, capturarán seguramente la atención de los más jóvenes.

Debe decirse que la visión de la naturaleza de la mayoría de los humanos que muestra La profecía de Gaia es pesimista, aunque caben excepciones que son las que permiten plantear un mensaje esperanzador:

No se conoce el motivo exacto pero, día a día, la naturaleza humana se había vuelto viciosa, viciosa, oscura, violenta, Causaba  avería, perjuicio, menoscabo, dolor y molestia a todo lo que se encontraba cerca (…)

¿No ves que tienen hambre de carne, de vida, de poder y no tienen límites, ni escrúpulos? (…)

Nómbrame una sola especie que asesine, que mate por placer, por curiosidad, por si acaso. En los mares no hay ni una criatura que se comporte de la amera que lo hacen ellos (…)

La familia de los cetáceos que escuchaba a Árbol se miraban entre si con asombrados de la crueldad que regía en la superficie. Los que nunca habían conocido el mundo Terra buscaban la mirada de los que sí, pidiendo confirmación sobre si unos hechos tan espeluznantes eran posibles en este planeta (…)

Orientada hacia los jóvenes, aparecen con algunos guiños que escaparán a estos lectores pero que harán, a veces, sonreir  a los adultos. Nombres propios como Man Ray, Kundalini, la Sala de Om, Luto (el de un toro); detalles como el del monolito que recuerda al de 2001 Una odisea del espacio  (en tamaño XXL) o el de esas plataformas flotantes que hacen pensar en la película Waterworld (de Kevin Costner). Igualmente, son muchos  -y muy importantes en el desarrollo de la trama- los elementos relacionados con la espiritualidad, la  meditación y el yoga.

Un clic en su cerebro. La luz invadió su alma: El Universo entero se reveló en su interior y su conciencia despertó a una realidad desde donde ya no había retorno (…)

Por fin se relajó y comprendió de manera automática que ella era uno con el universo y que el Universo también era uno con ella (…)

Es una novela que invita a sumergirse en ella, respirando sus palabras, como hace Árbol Maravillas con el agua al lanzarse al océano, bastante al principio del libro, en el gesto que propicia la principal aventura:

Antes de saltar, Árbol se había jurado a sí mismo que bajo ningún concepto volvería atrás. Debía cerrar los ojos, bucear lo más fuerte que pudiese, dirigirse a lo más profundo pero, sobre todo, dejarse llevar… Tal y como su voz interna le había indicado, no ofreció ninguna resistencia a lo que sucedía y de improviso, advirtió que estaba respirando agua como si fuese oxígeno (…)

Isabel de Navasqüés y de Urquijo (Madrid, 1978) es licenciada en Periodismo y en Comunicación Audiovisual. Escribe desde la niñez y, tras más de diez años trabajando en distintas ramas de la comunicación y de las artes, publicó en 2015 La profecía de Gaia, su primera novela; actualmente escribe ya la segunda de la serie. La novela y Kiso Maravillas cuentan con una cuidada página web:

http://kisomaravillas.com/

CONVERSAREMOS SOBRE LA NOVELA EL PRÓXIMO 28 DE JUNIO EN LA CASA ENCENDIDA (MADRID) Y A LAS SIETE DE LA TARDE, COMO ES HABITUAL ESTE AÑO. TENEMOS LA SUERTE DE QUE NOS PODRÁN ACOMPAÑAR LA AUTORA DE LA NOVELA Y TAMBIÉN ESTER LASO, MIEMBRO DEL GRUPO DE ESTUDIO EN ECOCRÍTICA (GIECO) Y PROFESORA DE LITERATURA DE LA UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES.

http://www.lacasaencendida.es/encuentros/narrativa-ecologista-ninos-jovenes-partir-profecia-gaia-5672

 

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Unos 30 años de experiencia profesional en temas relacionados con el medio ambiente, el desarrollo y la cooperación internacional... y algún año más como lector aficionado...
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