Waslala, de Gioconda Belli

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En todas las profecías
está escrita la destrucción del mundo.
Todas las profecías cuentan
que el hombre creará su propia destrucción.
Pero los siglos y la vida
que siempre se renueva
engendraron también una generación
de amadores y soñadores,
hombres y mujeres que no soñaron
con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores.

(…)

No son palabras de la novela, pero si de un conocido  poema de Gioconda Belli titulado “Los portadores de sueños”, que puede acompañar perfectamente los contenidos de “Waslala”, donde la idea de utopía es el elemento clave.

Waslala (subtitulada a veces “La búsqueda de una civilización perdida” o “Memorial de futuro”), es la tercera novela de la nicaragüense Gioconda Belli; fue publicada en 1996 y está ambientada en Fagua  (palabra construida a partir de fuego y agua), una país centroamericano imaginario que, sin serlo del todo, recuerda mucho a Nicaragua, pero que podría ser cualquiera de América Central ; un país sumido en un estado de guerra de baja intensidad permanente, un estado fallido, podría decirse ahora.

La novela, ambientada entrado el siglo XXI, nos muestra un orden mundial donde algunos países, como Fagua, reciben financiación por conservar sus bosques en función de los servicios que prestan al ecosistema global.

Muy poco dinero circulaba en Fagua y este se dedicaba al mercado negro de los bienes, provisiones y medicinas que el país recibía a cambio de la conservación de sus recursos naturales y la importación de la basura

La protagonista, Melissandra, junto con un variopinto grupo, emprende un viaje, desde la periferia hacia el interior del país, para encontrar Waslala (y para encontrar su lugar en el mundo), una comunidad utópica construida por la generación de su abuelo y que se ha convertido en una leyenda, en una referencia hacia la que miran los habitantes de Fagua que aspiran a un mundo mejor.

Ese mundo igualitario y grácil donde el amor, la cooperación y el bien común serían los pilares para erigir la felicidad.

Un modelo de sociedad totalmente nuevo y revolucionario, basado en una ética que repudiaba el poder, la dominación y concedía a cada individuo la responsabilidad de la comunidad.

Era una leyenda un punto de referencia, una esperanza. Aun antes de que se comprobara su eficacia, se había convertido en paradigma. Cumplía la función de un sueño capaz de movilizar los deseos y las aspiraciones de quienes ansiaban un destino colectivo más acorde con las mejores  potencialidades humanas.

En diversos momentos se debate sobre las utopías y las realidades (¿distópicas?), reflejando diferentes puntos de vista, más entusiastas, más escépticos, matizados. No faltan las alusiones a Tomas Moro, quién primero utilizó el término (aunque la aspiración a paraísos es tan antigua como el ser humano), o a Don Quijote. Y, por supuesto, esa comunidad se alimentaba de energía renovable y se edificó no sin antes realizar una ceremonia donde pedimos permiso a los viejos y centenarios arboles para invadir su espacio vital.

El contexto personal de la autora y el de Nicaragua son importantes para comprender la novela. Gioconda Belli fue una persona muy implicada con la Revolución Sandinista y que, ente 1979 y 1994, ocupó diversos puestos públicos de responsabilidad. Pero, al igual que sucedió con otros dirigentes, padeció un enorme desencanto en relación a la deriva del régimen. Este desencanto se refleja en el texto en muchas de las reflexiones que este contiene sobre la idea de utopía y también, se materializa en los personajes de los hermanos Espada que, según contaba la autora en una entrevista, son una caricatura de los hermanos Daniel y Humberto Ortega.

Hay, por cierto, más personajes inspirados en la realidad nicaragüense como, por ejemplo, el abuelo y abuela  de la protagonista, reflejo del poeta José Coronel Urtecho y de su mujer, María Kautz. Igualmente, entre los fundadores de Waslala se menciona al poeta Ernesto, que hace pensar de manera inmediata en Ernesto Cardenal, con su boina y su barba blanca, que fue poeta, cura y dirigente de la Revolución Sandinista.

Ese orden ecológico mundial que muestra la novela y en el que algunos países reciben financiación por conservar sus bosques, la autora se adelantó a iniciativas como el mecanismo REDD+ o la Inciativa Yasuní.

La reducción de las emisiones debidas a la deforestación y la degradación forestal (REDD +) es un mecanismo desarrollado por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. La idea consiste en ofrecer incentivos a los países en desarrollo para que reduzcan las emisiones de las tierras forestales e invertir en vías de desarrollo poco intensivas en carbono. Estos  países  recibirían pagos basados en los resultados de las acciones.

En ese sentido, puede mencionarse también la fallida iniciativa ecuatoriana Yasuní, por la que el Gobierno de ese país se comprometía a no explotar unos yacimientos petrolíferos situados bajo bosques amazónicos a cambio de que la comunidad internacional le proporcionara la mitad de lo que hubiera obtenido vendiendo el petróleo; y, a cambio, prometía destinar a iniciativas sociales. Sin embargo, no hubo apenas compromisos por parte de los países desarrollados y, en 2013, el Presidente de Ecuador dio por cancelada la iniciativa.

Dentro de ese orden ecológico mundial la basura  y la chatarra  viajan legalmente (y algunos residuos tóxicos también lo hacen ilegalmente) al  Sur, a lugares como Fagua. De nuevo, la autora adelanta un escenario en el que el volumen del problema crece de manera exponencial.

Según informaciones aparecidas el año pasado en un periódico español, cada año se generan alrededor de 40 millones de toneladas de residuos electrónicos a nivel mundial y, según las últimas estimaciones, ascenderán a 47millones de toneladas en 2017. Desechos procedentes de países desarrollados – en muchas ocasiones ilegales, según las Naciones Unidas – que con toda probabilidad acabarán en países como India, China o Ghana (donde va a parar cerca del 75%). Sin embargo, y aunque hasta 2012 eran producidos especialmente por el mundo industrializado, desde 2013 se está apreciando que los propios países en desarrollo también los generan.

La novela incorpora también una crítica al modo de vida occidental, desarrollado, hiperconsumista, e intuye conceptos como el de la obsolescencia programada.

Mientras más basura veo más comprendo que tan desgraciados son los que todo lo tienen como los que solo tenemos sus desechos.

Desde una perspectiva más literaria, podría enmarcarse a Waslala como una novela de viaje iniciático, como una novela de formación; y  podría hablarse de la simbología que representa el que este viaje se inicie a través del agua. Podría también hacerse una lectura desde la perspectiva de género de una obra donde aparecen diferentes mujeres, además de la protagonista, con mucho carácter, dueñas de sí mismas. Sin embargo, en ese mundo del futuro qure perfila la autora, parece que parte de las dificultades que sufren las mujeres han sido vencidas.

Gioconda Belli nació en 1948 y alcanzó notoriedad, en primer lugar, con sus versos. En 1988 se publica “La mujer habitada”, su primera novela, que tuvo un éxito considerable. Desde entonces ha publicado numerosos libros de poesía y varias novelas, siendo la última “El intenso calor de la luna” (2014). En la penúltima, “El país de las mujeres” (2010), nuevamente ambientada en Fagua, se mantiene ese trasfondo de unos bosques que, debido a su papel de sumideros de CO2, proporcionan ingresos al país. Por varios de esos libros ha recibido premios y reconocimientos, algunos al conjunto de su trayectoria, como el de Caballero de Orden de las Artes y las Letras que otorga el Estado francés.

Puede encontrase más información en la página web de la autora

COMVERSAREMOS SOBRE WASLALA EL PRÓXIMO 20 DE DICIEMBRE, A LAS 19.30h, EN LA CASA ENCENDIDA (MADRID)

 

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Acerca de Ecoclub de lectura

Unos 30 años de experiencia profesional en temas relacionados con el medio ambiente, el desarrollo y la cooperación internacional... y algún año más como lector aficionado...
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