El corazón de la Tierra, de Juan Cobos Wilkins

portada

¿Las teleras? (…) Eran enormes piras de varios metros de altura (…) ardían lentamente durante meses, día y noche. En su interior, la combustión de mineral desprendía un denso humo de dióxido de azufre, una nube venenosa, mortífera a la larga, que llamábamos la manta. La lepra del aire. Su necrosis. Cuando no soplaba el viento, la manta, suspendida, permanecía flotando baja sobre el pueblo (…)

El corazón de la Tierra, publicada en 2001,  tiene como trasfondo la primera protesta ecologista de la Historia de España. El primer conflicto socioambiental podría también decirse. Unos hechos que tuvieron lugar en febrero de 1888, cuando una manifestación pacífica y festiva, en el marco de una huelga general, que se quejaba de la mortal contaminación atmosférica que generaba el tratamiento del mineral, mediante las teleras (proceso prohibido en Inglaterra desde 1864), fue disuelta a tiros por parte del ejército, que disparó a bocajarro sobre las personas congregadas en  la plaza de Riotinto, frente al Ayuntamiento. Se ocultaron cadáveres y hechos, pero las estimaciones hablan de entre 100 y 200 personas asesinadas, incluyendo niños, mujeres y ancianos.

Los que suscriben representan a 4000 obreros y dicen que, en la seguridad de los perjuicios de los humos sulfurosos y creyendo que las corporaciones municipales tienen autoridad para suprimirlos, suplican a ese Ayuntamiento tome acuerdo de prohibirlos, evitando así que lamentar daños personales como los muy numerosos ya padecidos (…)

En la manifestación no  solo participaron trabajadores de las minas de Riotinto y  sus familias, sino  que se habían sumado agricultores y ganaderos de un amplio entorno, agrupados en la Unión Antihumos, ejemplo de movimiento social transversal, debido a que el impacto ambiental afectaba a lugares bastante alejados de la zona de explotación minera. Las teleras no se prohibieron en Riotinto hasta 1907.

Sus humos, ignorantes de fronteras provinciales, o nacionales, entraban en tierras de Sevilla (…) Las emanaciones sulfurosas invadieron el país vecino. Hasta el sur de Portugal, como larguísimas unas grises se extendían. La propia empresa señalaba en 777 kilómetros cuadrados el área afectada. Una zona que comprendía 11000 propiedades. Y si esto lo databan los mismos causantes del mal, puedes imaginarte (…) Montes también yermos, talados sus árboles para mantener viva aquella combustión. El paisaje asolado y las aguas ácidas que tanto impresiona al forastero (…)

 A los hechos de 1888 (que se conoce desde entonces como “el año de los tiros”) se llega en la novela mediante un proceso de extracción, como si fuera el cobre de las minas, de la memoria de Blanca Bosco, hija de un minero y que era una niña cuando sucedió todo. Blanca conversa, en 1952, con Katherine White,  la nieta del médico inglés de la compañía que se había hecho amigo de la niña. Katherine  viaja desde Londres hasta Riotinto para conocerla, conocer ese lugar del que tanto le había hablado su abuelo y averiguar qué pasó el 4 de febrero de 1888.

El conflicto socioambiental que conforma el trasfondo  de la novela, tiene plena vigencia en nuestros días, en los que el denominado “extractivismo” llega hasta el último de los rincones del planeta, estallando conflictos que se parecen mucho a lo sucedido a finales del XIX en Riotinto. Resulta muy gráfico, en ese sentido, asomarse al trabajo enciclopédico que muestra  el Atlas de la justicia ambiental. El “extractivismo” se refiere, en palabras de Eduardo Gudynas, un autor uruguayo que ha reflexionado y escrito bastante al respecto, a un conjunto particular de apropiaciones de recursos naturales caracterizados por los grandes volúmenes removidos y/o la alta intensidad, donde la mitad o más son exportados como materias primas, sin procesamiento industrial o procesamientos limitados.

También la novela pone sobre la mesa, e ilustra perfectamente, el concepto contemporáneo de “justicia ambiental”, que pone de relieve y demuestra la conexión entre, por una parte, el severo deterioro del entorno natural y, por otra parte, el reparto desigual de sus consecuencias negativas y de las políticas y leyes medioambientales diseñadas para afrontarlo. Un ejemplo, que visualiza perfectamente el concepto, puede ser la propia construcción del pueblo de Riotinto, donde vivían los trabajadores, los nativos para los británicos, en un valle que la contaminación atmosférica, la manta, oscurecía regularmente (una niebla espesa y cenicienta envolvía las casas, y llegaba la oscuridad Se hacía de noche sin serlo. Cerrábamos puertas y ventanas y huíamos a las cumbres de los cerros). Mientras que el pueblo de los ingleses, Bellavista, tras un pormenorizado estudio,  se levantó en un lugar del valle resguardado por cerros y al que los vientos en rara ocasión se dirigían

El singularísimo paisaje de Riotinto, que describe poéticamente el autor y al que denomina Las puertas del infierno, tiene también un protagonismo especial y produce en  Blanca, que había abandonado la zona durante una etapa larga de su vida, un deseo de regreso a ese lugar al que siente pertenecer. Destaca , dentro de ese paisaje, Corta Atalaya, el corazón  de la Tierra, un cráter inmenso –kilómetro y medio de diámetro y quinientos de profundidad- excavado por la mano del hombre para saciar su avaricia metálica de brillos.

Es un sitio que tiene el suelo de color de un pudin de frambuesa, pero es muy, muy distinto, porque es sangre que se ha secado (…) Un río rojo. Bermellón y violáceo. Azafranado en sus orillas. Sin peces. Sin adelfas, sin juncos, sin brizna alguna cercana a su cauce, sin canto de aves junto a sus aguas (…) Pues cuando esa cosa extraña de la que había oído hablar pero en la que no creía, la llamada de la tierra, golpeó con los nudillos en mi puerta y me dijo “vuelve, vuelve” y yo, igual que un animal que escucha la voz antigua de la especie y la sigue, sin pensármelo más, obedecí (…)

 Además de sobre los temas ambientales recogidos, la novela pone muchos más asuntos sobre la mesa, como el de las condiciones laborales y de vida de los trabajadores y sus familias, el  modelo de explotación colonial, las luchas obreras de aquellos tiempos, los casi inicios del anarquismo en España y en el mundo (la I Internacional arranca en 1864, el primer periódico anarquista español, La emancipación, aparece en Madrid en 1871).

El corazón de la Tierra fue la primera novela de Juan Cobos Wilkins, escritor onubense nacido en  1957 y nieto de un empleado de Rio Tinto Company, al que está dedicada la obra.  Además de una amplia trayectoria en el terreno de la narrativa y la prosa, Juan Cobos Wilkins cuenta con una extensa obra en el ámbito de la poesía. Ha ejercido de crítico literario y traductor y ha recibido numerosos premios y reconocimientos. El corazón de la Tierra ha sido llevada al cine  de la mano de Antonio Cuadri (2007).

El 1 de marzo, a las 19h, conversaremos sobre El corazón de la Tierra en La Casa Encendida (Madrid)

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Unos 30 años de experiencia profesional en temas relacionados con el medio ambiente, el desarrollo y la cooperación internacional... y algún año más como lector aficionado...
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2 respuestas a El corazón de la Tierra, de Juan Cobos Wilkins

  1. Rosa dijo:

    Me ha sobrecogido el tema y a la vez me ha indignado por la forma de explotación humana practicada, cuando seguro que si hubieran querido se habría podido arreglar. El
    Gobierno español en connivencia con las Grandes Empresas extranjeras es vergonzoso.

    Al ver la fotos del “Corazón de la tierra” te viene toda la belleza y el horror al saber la historia de como se ha producido,

    Una pena que no pueda ir, pero me ha gustado mucho,

  2. Muchas gracias por tu comentario, Rosa. Creo que si supiéramos lo que hay detrás de las cosas (ambientalmente… y socialmente, claro) cambiarían nuestras actitudes y comportamientos. Hay un autor que a ese saber lo que hay ambientalmente tras las cosas lo llama “inteligencia ecológica”…
    Siempre se agradece saber que nuestras propuestas gustan e interesan…

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